El funcionario del emperador. (Historia de Li-Tao y U-Ti). 22

-Dime, padre, ¿quieres que te traiga las vidas de los dioses, las luchas de los hombres con el dragón, la historia de los siglos que formaron el mundo antes del tiempo?

U-Tang, el Grande, puso sobre la cabeza de su hija una mano cansada. Su voz era firme, pero tenue. Había varios hombres en U-Tang, como no podía ser menos en un emperador que amaba sobre todas las cosas el arte y la paz, pero debía luchar con los hostiles pueblos de las fronteras y los ambiciosos señores de las ciudades y las montañas.

– Tráeme los gestos del pueblo, U-Ti, tráeme la voz de las cosas. Quiero conocer y saber y sentir el alma de las gentes.

No podía mezclarse con ellos, pero les amaba. Quería hacer lo mejor, gobernar con severidad de padre y con amor de padre también. U-Ti siente que el pueblo extenso de Chung-Fue, el Imperio Celeste, tiene un Gran Rey. En su espada, un gran topacio, que volará un día al cielo, como una piedra-estrella. U-ti recuerda el viejo poema grabado en el bronce de los escudos, que recuerda el futuro de la estirpe, un juego del tiempo.

Y entonces, he aquí los astros

dispersos, elegantes, luminosos,

desleídos en música de gases

profundamente tibios, asombrados

girando en las palabras. El olvido

de sus nombres eternos en el aire.

Una brizna remota de sonrisas

galácticas, el sol entre los soles,

la espalda yerta del crepúsculo

integrando desiertas pesadumbres

que vuelan, cometas aturdidos

en la cúspide azul de las pupilas.

Sin fin, sin fin, los cantos de la nada,

espejos ocultos entre luces

sin fin. Sin fin las altas melodías,

espacios que giran en sí mismos.

Los vientos desnudos del silencio,

los ecos durmientes de la noche.

Repican los goznes impensados,

las pálidas nubes demudadas

al borde del miedo, refulgentes

cual áspides limpias de tesoros.

Voraces promesas desprendidas

en grumos sedientos de caricias.

Y entonces, he aquí los astros,

livianos buzones de la ciencia

-un hondo sendero entre los cielos-

Cubiertos de luz y pesadilla

acuden veloces como ciervos

al sordo reclamo de los dioses.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: