El funcionario del emperador. (Historia de Li-Tao y U-Ti). 20

El dormitorio real es amplio como un salón, pero con íntimos rincones decorados con biombos. La representación de la garza real, símbolo del amor y la pasión, es en ellos frecuente. U-Ti admira esos dibujos delicados en que la pareja de garzas entrelaza sus largos cuellos mientras lanza al espacio el grito de su dicha inenarrable.

 

-¿Por qué dibujas a la mujer una, dos y tres veces, Lao-ki? -Preguntó al artista de las salas de palacio.

 

El viejo pintor sonrió con malicia.

 

¿No se enfadará mi adorada princesa si le digo que una mujer es una mujer, dos significan reyerta y tres mujeres juntas maledicencia?

 

U-Ti golpeó cariñosamente el hombro de Lao-Ki con su abanico.

 

-Eres tan despreciable como un huevo de gallina recién puesto. ¿Por qué no habrá mujeres artistas que critiquen la vanidad de los hombres?

 

Lao-Ki sonrió abiertamente.

 

La mujer china no lleva el arte en su corazón, sino en sus manos. La mujer podrá, con su exquisito gusto, realizar buena caligrafía -y honrar con ello a los dioses y a su pueblo- pero difícilmente inventar escenas artísticas.

 

U-Ti replicó con un gesto despectivo.

 

-¿Sabe mi princesa por qué nosotros, aun conociendo el valor perdurable de la piedra, sólo utilizamos madera y bambú, con otros materiales livianos, para construir nuestras casas? Pues -continuó sin esperar la respuesta, mientras asestaba un golpe experto de pincel sobre el biombo- porque amamos la ligereza y la provisionalidad. Un edificio no tiene que durar más que quién lo construyó. Y si eso es así con el lugar donde se vive… ¿Cómo será con lo que contiene, los objetos secundarios? Y sabrá que esto es así porque la mujer lo acepta como bueno, porque ella ordena el hacer de los hombres en silencio.

 

U-ti quedó pensativa unos instantes. Luego miró los gruesos muros de piedra del palacio.

 

-¿Y qué me dices de los templos y los palacios?

 

-¡Ah! -repuso el artista-. Eso es diferente. En ellos se acogen dioses y los descendientes de los príncipes. Son como la casa del pueblo. Y el pueblo precisa solidez.

 

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