El funcionario del emperador. (Historia de Li-Tao y U-Ti). 18

 

En sus apartados aposentos, el Príncipe Hi-Cheu soñaba. Era un vagabundo que, después de muchos años de itinerante vagar, encontraba una choza en la montaña. En ella vivía una pastora de gansos.

 

-¿Dejarás que un pobre caminante repose junto al pozo, y tome, junto con la sombra, un poco de agua fresca?

 

La pastora tenía la voz dulce y joven, y su voz era cristalina.

 

-Puedes descansar cuanto quieras, caminante, y reposar apoyado en la pared limpia o tendido en el pasto blando. Y toma, si quieres, algo de comida para reponer tus fuerzas.

 

-¿Sabes quién soy? -preguntó Hi-Cheu, recordando su antigua condición de Príncipe Imperial.

 

La muchacha sonrió.

 

-Eres Hi-Cheu, el Príncipe solitario, que se busca a sí mismo. Te he reconocido por tus grandes orejas y la excitación de tus fosas nasales.

 

La muchacha comenzó a desnudarse. Hi-Cheu gritó de placer, con los ojos cerrados fuertemente.

 

 

 

 

 

 

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