El funcionario del emperador. (Historia de Li-Tao y U-Ti). 14

 

De marco a Tonio Polo.

Salud.

 

Hay cosas -e historias- que alejamos de nuestra mente, porque nos estorban. En Catay se decía que algunos libros contienen demonios y su lectura había de provocarles y atraerles. Por eso se les deja reposar en el fondo de los estantes, con un voluntario olvido. Sucede también con historias desdichadas, poemas de amor y soledad. Lo que me dices, querido tío, de la princesa U-Ti y el poeta funcionario, Li-Tao, pertenece a esta conjunto de las  cosas: hogar de monstruos que me asustan cuando volvemos la página para interrogar su mirada… Pero, ¿acaso ha sido el amor alguna vez grato de principio a fin, para los amantes y quienes les rodean? ¿No es una de sus peculiares características la crispada confusión, la tortura, la angustia? Sin embargo, los datos que poseo, y que voy a revelarte, me hacen sentir la más profunda emoción. Siento como hierve mi sangre, despierta con la llamada de los siglos. Seiscientos años antes de Nuestro señor, en la cuidad sagrada de Suntien, había una inmensa biblioteca. En el interior de algunas de sus más recónditas salas, cientos de copistas elegidos escriben en pergaminos amarillos los tesoros de la ciencia, la religión y la literatura del universo. Para ellos no hay otra cultura, y las líneas que trazan son un privilegio regalo de los dioses. La escritura, que contiene los objetos, es patrimonio de China, tesoro vedado a los extranjeros. Parte  de aquellos libros recogen los anales íntimos de los imperios, pues es cosa sabida que la única historia verdadera será la que refleje el sentir de los divinos emperadores y sus parientes y amigos. La otra historia, narrada en las batallas y los escenarios de todos conocidos, será solo la vida oficial de los pueblos, ajena al secreto que protege de la zafia curiosidad del vulgo los corazones elegidos. Sobre la verdad de los hechos no cabe duda. Todo es verdad si es suficientemente bello. ¿Acaso no gustan estos pueblos de ingeniosos -e inofensivos- fabuladores? La mentira es otra cosa; sólo la palabra daña. Los chinos además, están dotados de una forma especial de inteligencia, llamada intuición. “El cerebro -dicen- como el hocico de los cerdos, sirve para buscar el alimento, la excelsa trufa bajo el hondo estiércol”. Acuden al instinto de supervivencia, y sitúan por encima del cuerpo -al que respetan y cuidan, como acreditan permanentemente sus ritos- los valores del sentido común.

 

A propósito de las atenciones al cuerpo, estas gentes sabias lo cultivan sin esfuerzo. Sus permanentes reverencias e inclinaciones, y, sobre todo, el rito del Kowtow, combaten las obesidades y agilizan las funciones de los músculos. Es de admirar un pueblo que parece sentirse siempre cómodo, y cuyo principal maestro fue un político fracasado, Confucio. Sus más recordadas palabras son éstas: “Conmigo está bien el sí, y también el no”. Esto refleja, como lo demuestra la realidad, un profundo y práctico sentido de la vida. Hay otros maestros. Changtsé, Shang Yang, Wang-An; más teóricos o científicos, pero menos amados y comprendidos. Menos humanos. Dicen  que los grandes espíritus se encuentran a través de las edades. Yo estoy seguro de que nuestros grandes hombres comprenden y estiman a Confucio. Como sucede estos días con los pueblos cercanos, como IaPan, a quienes China dio su alfarería, la pintura, el secreto de la seda, los lacados. Y, sobre todo ello, la imprenta, la escritura, el papel, la técnica de grabar en madera, las monedas y la pólvora. Los Iapaneses han importado de China sus cohetes, sus linternas, y sus biombos, pero también la filosofía Zen, la filosofía Sune, el confucionismo monárquico y la poesía Tang. Pronto se extendieron por doquier, como la cosecha de una historia gratamente sembrada, las costumbres,  -que son artes- de beber té, cultivar flores, alimentar peces y pájaros y componer jardines diminutos o enormes de piedra. Pero algo hay que no podrá salir de China jamás: la filosofía del TA-O, el “no hacer nada”, un fatalismo que no les priva de encanto, sino que lo aumenta. Esto hace que pueblos imitadores hayan superado alguna de las fórmulas cedidas por China: ciertos poemas, el teatro, las artes florales y marciales, tan próximas y distantes como el día y la noche, que forman parte del tiempo.

 

Lee conmigo, querido tío, estas frases del TA-O, el camino de los sabios: “Todo es un círculo. Las leyendas ocultan la secreta forma interior de las cosas, a través de las cuales se forman los arquetipos. Estos son costumbres y leyes, que, junto a los ritos -las alas con que vuelan sobre las cabezas de los hombres- retornan a través  del pueblo: todo, en los ritos, en las costumbres, en las leyes sociales alude a las leyendas, o las apoya, o las justifica, a través de los arquetipos. El símbolo es el paradigma, el instante es el tiempo”.

 

Con afecto.

 

MARCO.

 

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