El funcionario del emperador. (Historia de Li-Tao y U-Ti). 13

“La tradición se nos pierde entre los dedos (al manifestarse) como el polvillo de las alas de la mariposa con la que juegan los niños: su pérdida le impide volar nuevamente con soltura. No toquéis con violencia el conocimiento: tocad suavemente las alas de la sabiduría. Vivid con la alegría de quien no pretende conocer el alma de los dioses, y por tanto ignora la naturaleza y el sentido de la muerte”. El maestro K’Ung, el K’ung-Fú-Tzé hablaba con la reposada sonrisa de los sabios, Li-Tao había estudiado profusamente la historia de Chung-Ku, el país del centro de la tierra, la nación de enmedio, o Chung-Yan, que los vecinos llamaron Chin o Sin, nombre de la dinastía poderosa de los Tsin. Pero, sobre todo, había leído con entusiasmo los maravillosos libros del King, depósito de los sabios. Por ellos había comprendido la existencia del interminable círculo de la vida y de las cosas. Sabía que el deseo, o más aún la necesidad de escribir no era sino la llamada de los hechos y las palabras inquietas para salir de la oscuridad.

 

Cuando algo le atormentaba, o una idea, o los versos que traen la turbación repetían su presencia en la memoria, como parientes importunos, los escribía, y así el camino se despejaba a nuevos amigos o renovados fantasmas. Sabía también que el amor de U-Ti era lo único que podía salvarle de la ira del tiempo, y que ella y sus poemas se le escapaban de entre los dedos, símbolo de  la fugacidad de lo que amaba y deseaba sobre las demás cosas. Escribiendo podía tener entre sus manos todo aquello que amaba. “Siempre seremos aprendices -decía el Maestro Kung- y quien se considere ya maestro será un desafortunado aprendiz”. En el permanente aprendizaje reside la sabiduría. Esto lo desalentaba. ¿Sucedería lo mismo con el arte, con la madurez? ¿Iba a ser él, Li-Tao, un eterno inquieto discípulo, incluso de sí mismo? ¿No alcanzaría nunca la serenidad del sabio? El Maestro dijo: Cuando olvides la inquietud por tener, tendrás; cuando olvides la ansiedad de saber, sabrás; cuando dejes a un lado tu crispación por mandar, mandarás”.

 

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