El funcionario del emperador. (Historia de Li-Tao y U-Ti). 8

 

Pocos días antes había visitado los panteones de la familia. En la tumba del viejo Chu-Vang y su esposa, la emperatriz O-Ki leyó este epitafio:

 

Aquí duermo, en un lecho de fresas,

rodeado de ángeles buenos

que conocen mi olor y mis pestañas.

“¿Qué significa, padre?” -había preguntado. “Tu Maestro de símbolos te dirá” -contestó el Emperador. Pero el Maestro de símbolos no le había aclarado nada: “El gran Chu era panteísta -dijo- y los genios de la naturaleza sus amigos”. “¿Pero no son amigos de todos?” -indagó U-Ti. El Maestro de símbolos -mucho más anciano, pero U-Ti dudaba si mucho más sabio que el maestro de las ceremonias del té- la había observado largamente, y creyó adivinar un cierto desdén en su mirada. Luego tomó de los estantes de caoba un pergamino amarillento. “Lee” -ordenó. U-Ti tuvo dificultades con los antiguos caracteres.

 

Los ángeles que conozco

tienen las alas plegadas, como brazos.

(Entre los ríos, sobre el campo, la serpiente

inventa números de arpegio,

edificios a la medida de los dioses).

 

Había un dibujo del Dragón -Señor del fuego y de los vientos que piensan- y, reptante, las alas plegadas, en el centro mesetario de dos ríos, la serpiente. Unas letras en lengua desconocida:

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