La eternidad es el instante. (En la corte de Felipe). 229

Si la eternidad es el instante,

¿por qué ocuparse del futuro? ¡Y pre-ocuparse de lo que (aún) no existe!

Aunque ¿hay algo que no exista? Aquella mañana de mayo, como en la cancioncilla, todo parecía posible, o sea, todo existía, incluso el mal que se va nutriendo del bien y se descubre como un parásito, hasta que lo expulsas cuando de ti sale todo, es decir, sales tú mismo, y nada queda porque ya no eres nada, solo tu parásito. Me lo dijo una tarde, de noviembre, el tío Anselmo.

-Ese que sale, Miguelito, a salvo el sagrado secreto profesional, es un héroe. Cree que tiene obligaciones, y quiere cumplirlas. Aún a costa de sí mismo, o sea, de las obligaciones que todo bicho viviente tiene hacia él. Pero ya lo entenderás algún día, si es que no te dedicas a la banca. O a la política. O al clero… ¡Bueno! Las excepciones confirman la regla…

El tío Anselmo se daba explicaciones a sí mismo, de modo que era uno de los héroes, que justifican la vida por lo mal que te lo hacen pasar los otros.

-Hijos, mujeres… Sobre todo mujeres, M. Se las pintan solas para complicar la vida, y de ellas aprenden muchos tíos, que las imitan. Hasta los torturadores y los artistas, que se parecen, las imitan, y ponen carita de matacallando mientras manejan sus instrumentos contra alguien.

Yo no entendí bien eso, al menos no del todo. Me refugiaba en los libros del despacho, las ilustraciones eróticas, sobre todo, y el resto del mundo desaparecía. No existía, ¿veis? Los ojos y los demás sentidos son las ventanas de nuestra casa, el cuerpo y el espíritu su amigo invisible. Si se cierran, no hay nada. Pero sí hay otros sentidos, es mentira lo de los cinco. Por lo menos hay seis, que yo sepa, y uno es comodín. La percepción extrasensorial, la llaman, pero es la intuición, un hada de alitas frágiles que suele dormir.

Soñé que debía primero ordenar ¡a formar! Y luego contar una multitud de ‘casinistas’, adoradores de Mussolini, gente que iba a una boda o algo así, y al tiempo debía votar. ¡Cómo ordenar al prepotente! Siempre discutiría la orden (no: la sugerencia. La orden la admite, porque es cobarde y teme la autoridad, teme al poder, no a la inteligencia).

Conté y me perdí. Iba buscando y la gente se había ido. El tiempo transcurría. ¿Cómo ser héroe en el circo? ¿Cómo hacer el triple salto? Olvidando el riesgo, pero eso es algo imposible porque para mí el riesgo es la gente, trabajar para ellos.

Prefiero hacerlo para nadie. Pero eso es perder y luego ser objeto de la chanza. ¡Una construcción curiosa! ¿Latina? Est hosti ludibrio.

Cansado, desorientado, fracasado, harto.

 

 

 

 

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