Cime, el cornudo pagano. (En la corte del rey de Castilla).227

Cime, el cornudo pagano,

El Púas, Guardi, todos nosotros quizás, los fracasados, rescatamos, por así decir, a los triunfadores: Lonsi, con su bella sonrisa de yegüita, Lonsi ‘la consorsi’, como la bautizó El Poeta, que estaba enamorado de ella, naturalmente, El Cátedro, La Modelo, incluso El Presi, aunque tendíamos a excluirle, porque seguro que a él, tan vanidoso y tan mentiroso, no le gustaba incluirse, y de ese modo cerrábamos el bagaje cultural de los verbos opuestos, muy de política hispana. Tan cerril.

-Y sobre todo a ellos.

Asentí. Asentimos, con la media sonrisa de quien está en el secreto. Filipo y Leti, sobre todo ellos. Directamente o a través de sus niñas, Leo y Sofi. Miguelito lo llama, a ese espectro de luces que se filman al amanecer, cada día, lo llama ‘fracasados versus triunfadores’, ¡FUSTES! Un hallazgo.

Pero la cosa es más peliaguda. El contubernio de todos contra todos se traduce en que alguien ha llegado primero. Para pedir el crédito, para salir con la chica -o acostarse con el chico- y para matar a alguien. Por muchas ganas que tengas. Cuantas más ganas, más tarde llegarás, así que el paso corto y la mirada larga. Al menos cumple las normas: actuar como gente de pensamiento y pensar como gente de acción. Si en vez de gente digo ‘hombre’ alguien va a arrancar la página. Así que viva lo políticamente pedocorrecto.

El Usuras, El Inspe y su Letrado formaron un cártel, como el de los colombianos de Medellín. Su objetivo era joder la vida a alguien, si se dejaba. Pero yo no me dejé. Por eso me cargué al Usuras y le eché la culpa al Inspe. Fue fácil, porque contaba con la inopia del Letrado. Se llaman así por la sopa.

A Caín -¿o era Abel?- no se lo cargó Isa. Ni Silva. Me lo cepillé yo también -una manía- con una mezcla de arsénicos que me dio mi amigo el veterinario. Se mete en el pellejo con una microaguja, menos pinchazo que un mosquito. Ni se enteran, y todo parece un sueño. Sólo vomitan un pelín, pero aquel día todo el mundo estaba un poco guarro y confuso.

¿Creéis que lo del tráfico de armas y esas minucias mandan en el mundo? Bueno, en los Bancos sólo mandan las mafias, y eso es parola maiore, Comendattore… Lo que manda en la mafia es el arte. Sí. Los assassini se chutan y sus líderes y amos o son dioses o quieren serlo. Nada tan glorioso, pues, como la Capella Sixtina. Dios y arte juntos, ni Código da Vinci ni Cristo que lo fundó. Y el cuadro de Silva era el último Velázquez, más simbólico que ‘el último mohicano’, con su trencita y todo. Al catalán se le antojó.

-Fue a la maestressa. Manda ella.

-Da igual.

En los palacios de la Costa Brava, fortalezas en la roca salvaje, como los salmonetes, queda muy bien el Guggen y el Tixen, y esos ocultos fondos de El Prado, la N.G., o las N.G de todos  el mundo mundial, porque ¿quién no tiene una ‘Galería Nacional’?

-Así que era eso

-Déjame que te cuente…

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