Archive for 31 enero 2011

Aforismos mádicos. (3)

31 enero 2011


 

 

1.‑ TRULEY DE LAS INÚTILES CENIZAS.

Machacarse no vale para nada. Las cenizas son inútiles para reavivar el fuego. No pierdas ocasión directa o indirecta de alabarte.

 

2.‑ TRULEY DEL TIEMPO.

El pasado ni redime ni vulnera. El futuro tampoco. El futuro es Dios, pero ni Dios es ya lo que era.

 

3.‑ TRULEY DE LA CAZA MAYOR.

¿Matar un tigre? Bien, pero… ¿qué hacer luego con la piel?

 

4.‑ TRULEY DE LA PERVERSIÓN.

Lo mejor de la perversión es ella misma. No busques tres pies al gato. La admiración de la masa por lo perverso es una constante histórica.

 

5.‑ TRULEY DEL SUPERIOR.

Ahí va la autoridad invisible en su coche funerario. No temas a nadie, y si lo haces, procura que no se note.

 

6.‑ TRULEY DEL GIRÓSCOPO.

La tensión permanente genera tensión, pero es estable. Tensa la cuerda, pero aléjate discretamente cuando vaya a caer o a romperse.

 

7.‑ TRULEY DE LA DIFERENCIA.

Haz otra cosa si quieres triunfar.

Si quieres ser sólo como todos, adiéstrate.

 

Aforismos mádicos. (2)

31 enero 2011

TRULEYES BÁSICAS.

 

1.‑ La sociedad triunfadora se apoya en TRUCOS que convierte en LEYES de conducta (para sí y para los demás). De ahí  el término TRU‑LEY.

 

2.‑ Toda TRULEY, como ley o norma de conducta, encierra en su definición o contenido su propio antagonismo. (Una TRULEY puede utilizarse con fines opuestos entre sí, y resultar igualmente eficaz)

 

3.‑ Las TRULEYES responden a un principio de organización jerarquizada y deforme, que asume como inviolables los principios de su propia deformación:

‑Manipulación, conductismo, dirigismo.

‑Egotismo.

‑Anulación de la individualidad en pro de la estructura que soporta.

 

4.‑ La aplicación de las TRULEYES conduce al éxito en sociedades robotizadas y en organizaciones políticas cuyo objetivo sea el medro personal, y no el bien común

Aforismos mádicos.

31 enero 2011

Pasó la vida corriendo, y cuando le llevaban en silla de ruedas, por primera vez sintió paz.

El cura aseguraba que sólo los pobres y los que sufren entrarían en el cielo. Luego pasó el cepillo de la colecta y puso el aire acondicionado.

Sólo vivía cuando soñaba, pero no se dio cuenta nunca.

La orquesta le miraba sin percatarse de que él no estaba allí.

Se pasó la noche dando tumbos, y al amanecer empezó a echar de menos su insomnio.

El funcionario del emperador. (Historia de Li-Tao y U-Ti). 75

31 enero 2011

La princesa jadeaba como una potrilla tras su primera carrera. Sentía su fuerte corazón desbocado, pero no le importaba, no siente miedo, ni dolor, ni angustia, sólo la necesidad de golpear la puerta, de salir y buscar a  Li-Tao.

 

Los tártaros ya habían escalado la torre, estaban tan cerca que sintió sus pasos cuando cerró por dentro el portón de la guarida. Nadie podría adivinarlo desde fuera, el muro se desplazaba y los ladrillos encajaban con una técnica que sólo conocía el arquitecto del rey.

 

Y ahora no podía abrir. La herrumbre de los tres días había pegado el cerrojo, había unido la argamasa, se había solidificado y sus fuerzas exiguas apenas bastaban para intentarlo.

 

El mensajero, vivo de milagro, aguardo un día más. Luego partió desolado. Sin el aviso de Li-Tao para su amada. “Te espero en el recodo del río, cuando la grulla cante en el cielo”.

 

¿Y si le culpaban a él? ¿Cómo había desaparecido la princesa?

 

Algo tenía que hacer…

 

 

 

El funcionario del emperador. (Historia de Li-Tao y U-Ti). 74

31 enero 2011

-Es la hora del mono.

 

El sol no se había movido. Quieto en el cénit, parecía una lámpara sin fin, como el castigo de un cíclope.

 

-¿La hora qué…?

 

-Son las tres. Y yo soy el chambelán de Hiraku. El resplandor sin tacha.

 

Hizo un gesto hacia lo alto, sin mirar. Sus rasgos, tallados suavemente en un rostro sin arrugas, se endurecieron.

 

-Prefiero la del mono. Por la noche la luna humedece el rocío.

 

-¡Y agosta la semilla! -respondió, con la espada en la mano.

 

Se enzarzaron en un duelo a muerte. Pero no estaba escrita sangre en el aire en ese momento para ninguno de los combatientes.

 

¡Detenéos!

 

A la voz del Ministro Fu siguió, de inmediato, el gong del poder, la llave que cede el emperador para que con ella se abra el mundo.

 

-Dos pájaros luchando por la misma ala. Dos árboles que desean la misma rama… -El Ministro había sacado su mano de la manga, y trazaba en el aire los signos de la ira. Como el látigo que golpea la pareja de bueyes para hacer salir el carro de la hondonada.

 

-¡Sólo existe el cambio! La hierba ha madurado, y su verde claro es ahora un tallo de oro. ¡Marchad! Y si la brisa y el tiempo no se llevan vuestro furor, que al menos se lleve el deseo.

 

Y así fue cómo se perdieron los dos pretendientes de la princesa, y el corazón de su padre se llenó de zozobra. Porque si alguien muere o quiere matar para poseer, lo que adquiere tiembla, y necesita ya para siempre la fuerza, como los brotes del bambú precisan el arroyo.

Pero no era él precisamente modelo de paz. Ni le bastaba contemplar la primavera o escuchar el canto de la cigarra para adquirirla.

 

El funcionario del emperador. (Historia de Li-Tao y U-Ti). 73

31 enero 2011

 

Entonces llegó la pregunta, y todo se rompió como un cristal helado, y las manos se cubrieron de sangre, que nadie podía detener:

 

¿Se puede ser honesto,

se puede vivir con lucidez

si continuamente se añora

lo que no se posee,

y eso es inevitable,

y el insomnio despierta

cada instante, aún más, esa nostalgia,

aún más el recuerdo de lo que no se tiene?

Nunca estará saciado aquel que quiere ser inmortal. Siempre estará triste.

 

El funcionario del emperador. (Historia de Li-Tao y U-Ti). 72

31 enero 2011

Te recuerdo

en un mar adolescente,

tú no lo sabes,

porque mis palabras eran olas

que se iban.

 

¿Te fuiste tú con ellas,

conmigo, algún día?

Inútil devenir,

inútil paradoja,

mientras yo te buscaba

tú mirabas al sur…

 

Me da miedo

esperar,

las alas del ruiseñor se detienen

porque llega el cazador

en silencio

y ya no vuelan mis palabras

buscándote

entre las ramas azules

de la noche.

 

No sabes cuánto te quise

porque habíamos mentido

a tus dueños,

habíamos inventado una excusa

para huir y encontrarme atado

a tu sonrisa.

 

 

 

 

El funcionario del emperador. (Historia de Li-Tao y U-Ti) 71

31 enero 2011

Los poetas deberían desterrarse, había dicho el griego. Pero Li Tao sabía que aquel no era un sentimiento creador. Era la destrucción. Y eso era lo abominable, lo que debería ser desterrado, lejos del Imperio y de su alma. Pero, ¿por qué los dioses permiten ese sufrimiento inútil? ¿Por qué dejaban que se construyeran vidas dentro de las vidas, como los magos que guardan esas cajas de colores que guardan otras cajas y a su vez contienen otras más pequeñas…?

 

-Los dioses se ríen de nuestros pesares. Los dioses no sufren, desde luego. Sus lágrimas son la lluvia y su ira el trueno. La tempestad y el terremoto son consecuencia de sus disputas. Cuando les invocamos, miran hacia otro lado, por si alguna súplica llegara a sus oídos y sintieran la obligación de ayudarnos. Los dioses nos odian, U-Ti, y tarde o temprano todos lo sabremos con certeza.

 

Esa noche, Li Tao temblaba al escribir su diario del arroz florecido. Sabía que ya no importaban sus versos, y crecía en su mente la certeza de que esa era la única realidad de la vida. Pero Li Tao no iba a dejarse morir, en esa forma de muerte que es la misantropía y la nostalgia que enerva el ser. Porque al mismo tiempo estaba seguro de que también sin ellos la vida carecería de sentido. Cada línea de su pincel estaba trazada para alguien, aun después de que el tiempo la borrara, como miradas del sol.

 

La verdad y la conciencia. (II).

30 enero 2011

He ido al teatro. Una compañía joven y animosa, y un director con aires de psiquiatra argentino. O sea, de argentino. Mucha clac. Centro cultural Nicolás Salmerón, que era monárquico, claro, como todos los republicanos. Lorca también, sólo que tentaba al destino, como buen andaluz, que quiere ser Tenorio o Mejía. Llamando al Comendador, invitando muertos. Mentar los ataúdes es una manera de alejarlos. Vanamente. La obra es un ensayo, al estilo de las que yo escribía hace casi cuarenta años, cuando aún no llegaba a los veinte. Pretenciosa y surrealista, chocarrera con el clasicismo, muy bien trabajada, con mérito. Pero no hace vibrar. Las clac elogiaba a los actores, y bien está. Pero al contrario de lo que el pedante autor dijo en su introducción para adolescentes, a saber, que al teatro no se va a juzgar, que puede o no gustar pero nada más, yo creo todo lo contrario. Lo que gusta o no es juzgar, opinar. Sentarse en fila para recibir elogios es una cursilería, muy propia de los modernos, que presumen de guays. Y luego están los disparates de Lorca, con sus fusiles quizá desdichadamente premonitorios y las alusiones a los malos, que perdurará siempre. Cuando sales te queda el regusto de un caldo añejo aderezado con salsas a la fusión de Adriá, o sea, para incautos. Parodiar a Shakespeare es una concesión demasiado vulgar a la galería. Esta mañana, en el VIPS de Paseo de la Habana he ojeado un libro de moda. Al parecer seguido por dos millones de eso que llaman twiteros, y que son las reflexiones de un muchacho -no sé si adolescente, joven o maduro- en la convivencia con su padre. De cojones, follar y esencias idiomáticas similares, joder, me la suda,  estaba hasta las heces. No me extraña que tenga éxito, porque es lo que se entiende a la primera. Pues que les follen.

El funcionario del emperador. (Historia de Li-Tao y U-Ti). 70

30 enero 2011

 

 

-Maestro… –Li-Tao se atrevió, por fin, y su pregunta rebotó en las paredes de arcilla blanca, mirándole…- Maestro…¿porqué estás triste?

 

-Busco, sin encontrar.

 

-¿Y qué buscas, Maestro? ¿Acaso el bien, o la paz, o la dicha?

 

-Todo eso. Busco el amor. Un amor antiguo, que no puedo olvidar.

 

-¿Tan fuerte es su recuerdo, maestro?

 

El anciano movió la cabeza, como sacudiendo una pesadumbre.

 

-No es su recuerdo, Li-Tao. Es su deseo. Nunca existieron, pero los deseé tanto que formaron parte de mi vida. Y ahora, cada instante, luchan por transformarse en lágrimas.