La angustia es la prueba ontológica de la nada. (En la corte…). 204

La angustia es la prueba ontológica de la nada.

Era igual mirar o cerrar los ojos. Le daba vueltas a Kierkeegard, a Sabato, y habría querido marearme pero carecía de capacidad. Sólo añadía, en cada espiral, que buscaba la fuerza centrípeta y el estallido: así como el distanciamiento es la clave de la armonía. Sólo se llevan bien quienes no están juntos. Los leones deben olfatearse a distancia, a la distancia de un rugido cuando menos. Hasta que comprendí que la realidad -y la vida- es también dual. Ser/no ser. Locura/ignorancia. Ficción/ficción. Valor/sueño. Y así…

Sin embargo vislumbro a veces -cuando tengo un reintegro a la loto o un premio a mi aceptación de una necedad- que sólo la energía puede obstaculizar la atracción de otra energía, y por tanto el aislamiento es el equilibrio, tanto como supone el giro de los planetas en sus órbitas. Yo soy un planeta, o un satélite. Un cometa, no. Ni una galaxia. Ni una estrella de fuego y bronca. ¡Si al menos me hubiera sido dado un punto de maldad! Pero a mi natural astringente se unía la bondad ociosa de una formación expiatoria, cargada de rencores, de miedo, de penitencias, cosas tan raras para la multitud como si el fútbol no existiera. Por eso  era del todo partidario del fértil Odiseo, por su mahometana adscripción al destino y a los dioses más o menos enojados. Pero al menos él tenía quien, de entre ellos, le protegiera.

 

 

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