El tí Anselmo…como un gallo peleón. (En la corte del rey de Castilla). 206

El tío Anselmo movió la cabeza como un gallo recién peleado.

‘Con razón dice Borges eso de que multiplica el horror, o sea el número de los hombres. Hoy me he visto viejo por primera vez. Pero ha sido ya una certeza. ¡Qué mierda de espejo!’

La cosa y su nombre. Desconfiar. Aceptar lo que es o no es como tal, sin discernir. Dejar de buscar el yo o el conocimiento o la verdad.

Repetía las frasecitas de autoayuda o de buena voluntad transformadora de la naturaleza humana, estúpidamente inmortal, o sea, zumbada, arreglándose el fastuoso canalillo y sorbiendo a traguitos la copa de Málaga. Del color de sus ojos. Isa la Pitonisa, desplegaba el Tarot como las banderas de una división acorazada. Y aquello surtía efecto. ¡Vaya que sí! Nada hay mas influyente que las ganas.

Nunca comprendemos que la emoción y la razón son la misma y contradictoria cosa, hasta que su unión nos mata -o lo hace lentamente, a base de ansiedades o depresión o de requerimientos de Hacienda-. Esto lo entendía mejor así el tío Anselmo, hombre de mundo hasta que la jubilación le convirtió en un mundo sin hombre. O con poquito. Se estremecía pensando que iba a acabar como el bueno de Burt Lancaster en ‘El gatopardo’, cuando ya no se ponía dura ni con la jovencita del corral. ‘Cuando llegue el momento, que ojalá no llegue, de qué sirve todo lo demás, así que, a hacer puñetas’. Una reflexión concisa y certera, si cabe.

Yo no he comprendido, emocional como soy, las razones de mi soledad y del odio. Creí que amarme era una cuestión natural, casi obligada, en todo el mundo. Procedo de los tiempos oscuros en los que hombre y mujer lo eran, o sea que no eran lo mismo, y no existía un inefable ‘Ministerio de igualdad’, cuya sola mención es una tortura para el alma. Como la mala sintaxis. A partir de esa falacia monstruosa todo es posible, como lo es para quien tiene malos modos en la mesa. Desaparezcan pues los vestigios de una edad remota, en la que útero y falo eran más que símbolos de dominio y opresión -por ese orden para cada cual-  del mismo modo que se deben morir los feos y extinguir los analfabetos y la ensalada de brócoli. Amén. (Pero que todo permanezca, como Dios, en los artificiosos políticos, en los banqueros y en los representantes del orden y cuantos vistan de gala en los saraos).

 

 

 

 

 

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