El peqeñín, o sea El Usuras, quería hacerle chantaje. (En la corte…). 201

El pequeñín, o sea El Usuras, quería hacerle chantaje,

eso tan aburrido, pero no sabía cómo. Es lo malo de los autodidactas, que empiezan aplicando las máximas de Confucio y terminan copiando el telediario. O las crónicas marcianas, que son como El Caso, con maquinita.

-¡Demasié p´al body, majete!

Aun los delincuentes tienen a veces miedo de los justos. No es un miedo igual que el de ir al Prado, por ejemplo, o a Los Jerónimos para escuchar una coral de Adviento, pero es miedo.

-Si no cambias esa cara de pena, ponte una cajita en la acera y pide.

-O un puestecillo de robar.

-Como Madoff.

¡Cuánto saben los delincuentes! Digo los tapados, esos que ponen cara de bueno mientras te roban el tiempo. En La misma planta que ‘El jardín de las delicias’ está el cuadro de ‘El cambista’. Mi preferido. El tipo pone ese gesto avaro que no se percibe, porque parece un graduado en el Inese, todo planificación y buen rollo. La mujer, que es la jefa, no pierde ripio. Ella sí pone carita de Casio, todo calculadora digital. Dicen que el arte transforma la naturaleza. Es verdad. Bacon, ese héroe, lo probó imitando a Picasso y a Velázquez. Pocos prueban lo que hacen y hacen lo que prueban, no creáis… Pero lo mejor de todo es que los banqueros también tiemblan por su chiringuito. ‘Aúpa campeón, que por esperar me dan las uvas y luego me trago hasta el hollejo’.

Así que le visitaba, como amigo, decía, sacudiendo la manga del abrigo canela, tan elegante que casi le sentaba bien al dueño, un tipejo. La secretaria del tío Amadeo lo mantenía a raya, pero como era cleptómana estaba demasiado ocupada, a veces, regalando los objetos que afanaba. Con el dinero era otra cosa. Metía mano en la cartera, directamente, porque con el fungible no hay que dar rodeos.

-Se parece al poli bobo. El de El Pardo.

Como no daba la talla, pero tenía enchufe, le dejaron en el vestíbulo, sentado, que disimulaba. Miraba más allá, pero es que estaba un poco p’allá, que decía Pilonga, en el argot pableño. Así que no le costaba. Todo estaba previsto. Cuando nos coláramos en el Museo, por ejemplo. La visión del guardia bobo -y mira que hay- iba a servir de mapa psicológico, como diría un hermanito de la Pampa. Perdón, del Gran Buenos Aires querido. Hacía pareja con el funcionario vago, el de la ventanilla de reclamaciones, que siempre estaba desayunando.

-Ha ido a desayunar.

No en Cuaresma, que era un ligero desayuno. Y una frugal colación. Cosas de iglesia.

-¿Qué dices?

-Pues eso, que era la redacción del catecismo. No, del catetismo. A ver si te crees que sólo valen las canciones de los sesenta y los setenta.

Bueno. Cime está jodido porque no puede pagar la pensión, y su ex le pone mensajitos. El Usuras le persigue para pedirle pasta, y es que mi hermano siempre ha parecido un tío rico. La tía Mercedes lo explicaba, atusándose el bigote:

-Mi Frasquito y mi Don Diego. Así les llama la abuela, pobre.

La tía Mercedes dice que todo el mundo es pobre. Ella es rica, claro. Por cierto, Frasquito soy yo, un paria. Pobre. No sirvo ni para aparentar.

Menos mal que entré en política. Antes intenté ganarme la vida honradamente, e incluso tuve un intermedio: fui noviete de una banquera. Bueno, su padre lo era, pero no me gustaba. Preferí a la chica. Lucía un peinado que parecía un zigurat. ¡Qué bella palabra! Menos guasa, que el idioma es la patria, ¿no? Un día Cime llegó contento. Era una novedad. O es que había pagado la pensión y le dejaban ver a su hijo. Las esposas te esposan con el chantaje de los niños, apoyadas claro por los juezos y las juezas, como dicen que debe decirse. Pero no.

-¡Tengo novia, Miguelito!

Ahora que pienso, tenía cara de polvo. De polvazo, por lo visto, y eso es de lo poco que te hace feliz. Aunque ese francés contrahecho diga que la carne entristece. ¡Poetas!

No  sé si me he presentado. Me llamo Miguel. Miguelito. Miguel Martínez Martínez. M para los amigos. Y a partir de ahora para todo el mundo…Claro.

Yo también tengo una novia. La conocí en un guateque, que es el nuevo nombre de las party ahora que vuelven los sesenta. O los setenta. Se llama Sofía. Una coincidencia real. Ya veréis. Nos vemos poco, para mantener la llama encendida. En realidad es que a ella le gusta su vecino de rellano, otro catalán.

-Molt maco, ¿eh?

Me lo presentó, encima. Y es que mi historia está llena de sobresaltos. Como lo del muerto. Y el cuadro. O el chantaje, el secuestro, la geometría, y sobre todo la duplicidad.

-Pareces otro.

¡Velay! Que dicen los castizos del sur.  Somos el otro, de vez en cuando. Lo malo es cuando quieres cambiarte y regresas. Digo que regresa el uno, no el otro. A mí me pasa con la anestesia. Tardo un poco en encontrarme. En una de estas inventé el ya inventado Club de las Decisiones Fundamentales. Una gilipollez como otra cualquiera, como votar en las elecciones, simplemente votar en lo que sea, aunque no elijas a nadie o a nada. Me di cuenta algo tarde de que eso también estaba escrito, para que llegase Lonsi. La esposa de Patacero, líder, como Abú rey.

Para reyes, el mío. Mi suegro. Leti se opuso porque soy plebeyo, pero me llevé el gato al agua. La gata. Luego huímos, tipo Antonio Pérez, a los feudos de Bichof, el Barbas mesetario. ¿O era el lobo estepario?

Antes llegó lo del secuestro, y luego lo de Silva. ¿Os he contado algo? Silva me miró con ojos de gacela, o de almendra o qué sé yo, y me dijo luego que sentía el estremecimiento de la primera intimidad. Debió leerlo en alguna novela -no sé si de Roa o de Vallvey, aunque tenía una foto del auriga, o de Loriga, en la mesilla- y soltó la perla aunque ya entonces era mamá de un niño de cuatro años. Vaya con la primera vez. Hay que echarle imaginación a las relaciones ser-xuales. Es como lo del humo del tabaco. Está prohibido, pero no el de la leña, o el del fuel. Soporta y abstente, a joderse un poco, porque la violencia nunca desemboca en la libertad, como un afluente jamás desemboca en el mar. El destino es la esclavitud. Tampoco está tan mal, te deja tiempo. Y no pagas tanto impuesto, que es para lo que sirve la normalidad. Aunque bien pensado -he ahí la paradoja, etcétera- lo que te hace esclavo es la violencia. ¿Recuerdas el chiste? -¡Te encuentro formidable! ¿Cómo es eso? -Pues que nunca discuto. -¡Será otra cosa! -Pues será.

No os he hablado aún de mis sueños. Hablo bajito porque sé que no lo son, algo que, por otra parte, no es una novedad. Mis sueños se sueñan, y eso es para despistar, con el fin de que no nos conozcamos y esa ignorancia nos pacifique. O sea, todo lo contrario de las prédicas, las autoayudas y las normas. El tío Anselmo tiene un opúsculo -él lo llama osúsculo, porque dice que las editoriales ad usum se asustaron al medio leerlo, que es lo que hacen, medio leer, no asustarse, o bueno, ambas cosas- que se titula ‘Adiós, justicia, adiós-, y que se entiende muy bien. Los sueños son la vida del otro, o de otros, y por eso me interesan, para alejarme de mí mismo y así de casi todo el mundo que me rodea, aunque un día llegará a alcanzarme y debo estar preparado, sin olvidarlos. Por eso los anoto, y echo aquí en este pesebre algunos granos. Alez (lo cito de paso, porque él no querría que le recordase detenido como un viajero extraviado en ese mojón triste) anotaba como en un resumen los puntos fundamentales de la existencia -cuando ya no le interesaba- y todo eran conspiraciones. Cada análisis daba otros puntos, como en esa puntuación dialógica A.1-A1.1.-A1.1.1., y así ad infinitum, o sea ad nauseam.

Lo del narrador no son sueños. Es peor. Se lo imagina, pensando. Deja las ideas y piensa, a ver si de verdad tropieza con ellas. Lo hace para entretenernos. Las hilvana y teje una capa multicolor, un poncho de primavera que se empapa con el rocío.

Me pregunto si esto es el curso de la vida. El tío Amadeo dice que eso se percibe follando, y si jodes poco estás jodido para siempre, y si mucho igual. Pero que es mejor mucho o bastante, y la riqueza del idioma -o de la lengua, puaf- no transcribe exactamente la enjundia del asunto, probando así la traición a la patria, porque el lenguaje es la única patria incuestionable. No pienso en mi vida, sino en la vida genérica que nos vive. Yo le había dado beligerancia polimórfica a todo el mundo. Bueno. Eso quiere decir -es que tengo alguna pesadilla y me despierto queriendo explicar los sueños- que tó el mundo podía servir pa tó. Y era bueno. Error. El portero es el portero y el cura el cura y la mucama, mucama, ya no existe el azar en la distribución de las oportunidades. Tú las fabricas. Si quieres. Que habitualmente no quieres. De modo que cada cual existe como lo que es y para lo que es, y las mezclas explotan como el SO4h2O con el CLH. Posiblemente.Probablemente.

 

 

 

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: