Un reportaje de Katmandú. (En la corte del rey de Castilla). 195

El Transgresor nos puso un reportaje de katmandú

y nos pasamos la tarde fumando porros, como los deportistas de élite. Lonsoles dijo que nunca lo había comprendido, y su amiga Mamen asentía, con la cara larga y tiesa como un personaje de El Greco.

 

-Peor es el alcohol y ni se menciona. Como si no existiera. ¿Quién lo entiende?

 

Es fácil de comprender, dijo El Andalú, que estaba en la vena filosófica. Son los intereses, las multinacionales y eso.

 

-Pero sería al revés. Les interesa vender más.

 

Movió la cabeza sonriendo, con tanta suficiencia como el presidente de Iberdrola leyendo nuestro recibo de la luz.

 

-Las cosas no son lo que aparecen. Cuando nos las explican deben cachondearse a lo lindo.

 

Pero las explicó a su vez. Me recordaba a John Nash explicando sus alucinaciones, o sea que sabía que lo eran, razonaba en su locura y la hacía inteligible sin que dejara de ser locura, los sueños y pesadillas, tenemos que alimentarlos para que sigan vivos.

 

-Para que vivan simplemente para que vivan. O para que nazcan.

 

Todo es cuestión de equilibrio. O desequilibrio. Las multinacionales aplican todas esas fórmulas para contradecirse y ganar y ganar y ganar. Como hicieron en la Revolución francesa, los nobles veían plebe y la ignoraban, actuaban como si no existieran sus problemas, y la plebe creyó entonces que su problema eran los otros, y así se obtuvo el equilibrio, y así continúa, alimentándose como los parásitos entre sí, una simbiosis de guerra.

 

-La paz desequilibra. De vez en cuando hay que organizar una guerra.

 

-O una crisis. -Dijo Lonsi, que estaba muy activa, porque era el día catorce de su ciclo lunar.

 

Le conté lo del arte blanco, y se rió mucho. Tenía los dientes bonitos, grandes e iguales, y parecía una niña que hubiera crecido deprisa. Cuando me miraba lo hacía deteniéndose un poco antes de llegar a mis ojos, para no tocarme enseguida.

 

-Creyeron que era un Bacon, porque se le cayó el tomate en el lienzo cuando se estaba comiendo el bocata. Luego lo pringó y al secarse quedaron unas figuras estremecedoras, como las caras de Belmez. Pero Francis las hacía con más boca.

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