No es posible huir. (En la corte de Felipe). 194

No es posible huir. Te persiguen. No es posible la paz.

Vivir aquí es dos cosas: huir y pelear. Nunca ser uno mismo. O tal vez lo contrario: ser lo que te ordenan ser. No es posible dejar de percibir y de acotar -o de romper- las reglas: pagar por todo, por caminar, por aparcar, por entrar o salir, por tener, por dejar, una sucesión de verbos que se escapan del diccionario hacia los edificios oficiales, sortean las prebendas de los servidores del pueblo, ja, y te ordenan vivir para pagar impuestos, usar los impuestos para vivir parte de tu vida. El resumen desmerece del horror. Como una película, hoy peli, en la que se refleje el bombardeo de Dresde, la bomba de Nagasaky, el cerco de Leningrado, la playa de Omaha, todo mucho más cruel que cualquier agresión del otro diablo, y es pecado hablar de más. Como todos los anatemas, éste procede al igual de la ignorancia y de la prepotencia.

 

¿Sabéis qué me convenció? En la estancia cuadrada apareció una puerta. “No estaba ahí”, pensé. “Es un espejismo. Una alucinación”. No obstante me dirigí hacia ella, y mis pasos sonaban como si pisara las losas huecas de un túnel, quiero decir que debajo del suelo había una cueva, supongo, que en cualquier momento podría tragarme, quiero decir que el suelo podría abrirse, porque bajo él sólo estaba el aire, seguramente enrarecido, de una oquedad, una gruta, y una vez abierta la grieta iría ampliándose con mi peso, y ambos, el paso, el peso, serían todo yo mismo, ese todo se hundiría, precipitándose en el vacío. Miré a la puerta, hacia la puerta, temblando, sudoroso, frío, atemorizado, con un pánico que iba creciendo y me aplastaba. “Es el pasado” -dije en voz alta. Una voz que aleteaba furiosamente, como el corazón del último colibrí.

 

Después me soné los mocos con la primera página del manuscrito. O fue la última, así que nada puede estar completo. Dejé el paquete en el cajón de mi mesilla y salí a pasear, porque cuando se tiene la costumbre de respirar hondo a pesar de todo lo que ocurra, es fácil seguirle la corriente al tiempo.

 

 

 

 

 

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