Los de Mónaco… (En la corte del rey de Castilla). 174

Los de Mónaco (¿o era Montecarlo?) quisieron meterse en el Club

de los manipuladores del mundo. La actual masonería se llama Bidelber, o Trilateral o consejo de relaciones exteriores… Eso de fijar los precios, guerras, cosillas… M hizo de mensajero de Hermes y se metieron en el Club de las decisiones fundamentales. Y alguien…¡prensa habemus!…habla de otros mandamases, bien tapaditos.

Cuando Lonsoles llegó al zoo, pensó que aquello sí era sutileza.Se lo dijo a Mamencita.

-Por eso echaron a Bernardito, el neerlandés. Se le veía el plumero.

-¿Seguro que está Bill Gates?

Sonrió.

-Bueno, sí. Nos traerá el café. ¡Al fin y al cabo, nosotros mandamos en el mundo!

-Sí, claro -vaciló la pobre Mamen-. Pero entonces, ¿por qué aquí mandan tantos?

Nadie podía responder a esa pregunta, desde luego. El caso es que las nuevas gobernantes consortes del mundo único entraron en la jaula donde los proscritos celebraban sesión. Maqui lloraba cerca, porque había luna llena y tenía miedo de los vampiros desde que vio la peli de Lugosi. Miraron alrededor, fascinadas. ¡Qué bien disimulaban los realmente poderosos!

Jose dice que los ricos y los famosos no necesitan tarjeta. -Cuchicheó Lonsoles

-Ni tarjeta ni nada. Parecen mendigos.

-Ya, ya…

Silva miraba a Miguelito. Habían hablado de aumentar la cuota femenina en el Club, pero aquello era una sorpresa. M, el único conocido, acaparaba la atención de las nuevas.

-Bienvenidas al Club de las decisiones fundamentales, señoritas.

Lo decía así, porque los de ‘señoras’ le sonaba muy regio.

Lonsoles se relajó. Aquello le gustaba más que un ensayo en las cazuelas de Almagro. Miró de reojo a Mamen. ¿Sería verdad? Las amigas, siempre con esos cuentos de ‘te lo digo por tu bien’. Encontraba un poco raro últimamente a Pati, es cierto, pero él y Pipiño… ¡Y encima preparando la boda! Movió la cabeza, negándose a sí misma. A tanto no llegaría. Siempre habían sido uña y carne, pero no podía suponer que hasta ese punto, claro. ¡Y es que el otro siempre es el último en enterarse!

-Un bombazo, chica -le había soplado Mamen, ojeando el ‘Macho’s’ del mes. ¡Y de madrinas, la de Pega y su novia! ¡Todo al completo!

El Púas, que hacía de maestro de ceremonias, rompió el discreto encanto de la levedad del ser etcétera y pidió la contraseña. Como en la asociación de escritores y artistas, hay que hacer algo, un dibujito, una noveleja, cosas así. Lonsoles le tendió el manuscrito.

El Poeta, que es nuestro lector oficial, se aclaró la voz. Todos callaron y atentos le miraban, subido al cajoncillo de la ‘sin alcohol’.

“A coger el tren.”

-Mal empezamos -dijo El Sudaca. Si queremos armonizar el lenguaje, pues suprimamos los equívocos.

El Poeta siguió. Parecía interesado.

-…Se duerme. Al llegar ve que se ha equivocado de destino. El tren no va más allá y se ha vuelto…

El Púas se dirigió a Lonsi moviendo la cabeza como un preceptor.

-¡Pero señora! ¡Vaya parrafito! Parecen las instrucciones de la compra en el super…

Lonsoles se ruborizó. Empezaba a relajarse, y se acordaba de las primeras regañinas en el colegio. Se bloqueaba, porque la maestra poseía una autoridad indiscutida. Luego, con la política, fue otra cosa. Había que plantar cara a la adversidad. Era mucho más interesante.

-… Sale –El Poeta hizo un escolio-. “Se supone que del tren”. El lugar es gris y lluvioso, con una neblina persistente. La gente habla bajo, le miran apenas. Descubre entre visillos y cortinas que le observan.

-Será que le observan entre visillos y cortinas, o sea, al revés.

Lonsi negó suavemente, porque no reconocía su narración. Le parecía un viejo pariente que la abrazaba al reencontrarla.

-…Busca un hotel. Quiere telefonear. Piensa que se quedará unos días. No sabe volver.

-¿Y cómo sabe que no sabe si no lo ha intentado.

-Pues porque esas cosas se saben.

El Poeta pidió silencio con la mano, un patricio en el Senado.

-…Recuerda ‘el ángel exterminador’ –Guardiola asintió. Tenía en la mano derecha un bastoncillo, como la vara del cadí-. Se ríe. Pero no puede regresar. Ni avanzar…

-En realidad no sabe que está muerto -dijo El Poeta, golpeándose el muslo con el manuscrito. Lonsoles sonrió.

-Sus amigos le hacen, lejos, un funeral. Pero ni se entera, claro.

-Claro.

Y así fue cómo Lonsi entró como miembra de P.F.D. (plena falta de derecho) en el C.D.F. (club de las decisiones fundamentales).

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