Una de mis neurosis…(En la corte del rey de Castilla). 154

Una de mis neurosis, vulnerar el secreto de los Diarios. Me gusta descubrirlos en los cajones, puestos allí para eso, para que los descubras y entres en las falsas confidencias de sus autores. Ni Ana Frank pudo ser sincera, al menos no totalmente, porque cuando se escribe parte de las ideas se convierten en otras ideas y parte de la experiencia en otra experiencia, y se van modificando las fases de la escritura tanto como el tiempo y como la vida.

Silva escribía con letra diminuta, como ocultándose, o quizás deseaba ocupar menos espacio en el papel, ocupar menos sitio en el banco del parque, estar menos en cualquier sitio. No entiendo cómo las parejas aguantan tanto serlo, debería estar prohibido por la Constitución, o por la lógica, como imposible metafísico.

“… Hemos establecido un pacto de no agresión. Verás… no hay nada firmado, claro… son cosas que se hacen con el tiempo, que hace el tiempo, como un ejecutor responsable. Si… nosotros  somos… pues los sujetos del tratado. Nada solemne, algo necesario, que cae por su peso…y tan vulgar que… El caso es que nos cruzamos por el pasillo yo le cedo el paso, no nos dirigimos la palabra. Peces en un acuario, peces de ojos planos, que se respetan al nadar en su pecera. Es difícil explicar la tristeza que se acumula, se ve en la mirada, en el timbre de voz, en la forma de andar. Es fácil detectarlo, una torpeza en la forma de vivir, cuando se compra el periódico, al saludar a la portera, recibiendo a un cliente… Se nota algo, una nota algo, no sé… La necesidad de comunicar, la imposibilidad de comunicar, la extravagancia de hacerlo, porque lo que se necesita es vivir y sentir, quizás sea lo mismo, y es algo  que no se hace solo, puede que sí cuando se vive solo, pero no si se habita el acuario y los demás peces cruzan por tu camino sin mirarte, mientras los días pasan y todo pasa, todo sin que puedas abrazarlo, sin que te abrace”.

Y seguía con cosas así. Al Poeta iba a gustarle; pero no, eso sí que no. Una cosa es violar la correspondencia y otro comentarla. Los pecados son para el propio disfrute, excepto cuando sea más pecado, o sea más satisfactorio, divulgarlo. Como hizo Dominguín con el polvo de la Gardner.

“…Dilemas… dilemas… un dilema como Dios manda es algo así como: incineramos o enterramos… si, hombre. Votar una cosa u otra en política, el rollo de las ideas y cosas así… esos no son dilemas. Son chuminadas… ¿Y qué son chuminadas? Como decirte… pedos limpios, sin mierda… insultos de políticos… o sea, entes sin sustancia, previsibles… Eso”.

Pero ciscarse en su majestad no es insulto ni pecado ni na de na. El juez Nenazas die que eso es libertad de expresión, y no va a ser un juez menos que un rey, y la ministra Ciscón pone multas por hincar la bandera en un ejercicio militar, que es que no se enteran, que son ejercicios tipo ignaciano, y ofenden la sensibilidad de los gurriatos, así que decir hijoputa ahora es un elogio, porque es de género. Hasta beca tiene, no como cuando Cela, que había que trabajárselo.

-¿Y quién paga todo esto?

-En el reino de Castilla, usted y yo. En los demás, a saber.

-Usted y yo.

“…¿Sabes qué es trabajar a la contra? Todo lo planteas, como si yo lo hiciera mal y tuvieres la obligación y la necesidad de corregirlo. Todo. Sea lo que sea. ¿Entiendes así la creatividad? No se me ocurre nada que entristezca más la convivencia. Deteriorar es un verbo mecánico; digo que es tristeza vital lo que ocasiona”.

Me recordaba al tío Amadeo, en su homilía de los sábados. Nos reunía en la casa vieja, la única que le gustaba porque nada olía a barniz, estaba todo gastado y repasado de manos y generaciones. Allí nos contaba la última faena, era un recolector de frustraciones.

-No, no me pasará más.  ¿Crear la justicia? Algo así hacen ellos, quienes la imparten, alzados en sus brillantes  coturnos. Si tú eres cadí, yo seré califa. Miran desde el alto triclinio con la  suficiencia de los dioses. Ahora yo impartiré mi ley, sin duda tan válida como la tuya, y la acatarás sin remedio porque estaremos solos en la oscuridad y mi pie aplasta tu cara de sapo.

Cime saltó.

-Ustedes, los republicanos, están siempre cabreados.

Le miró con sus ojos saltones. En la frente aparecían ya las roelas de un pastel desvaído, más oscura en los bordes, como fronteras de la cólera. Las mondas fueron desplazándose hacia la barbilla, atravesando los territorios de los ojos, la nariz, la boca…

– A lo mejor es porque se hacen muy “intelectuales”.

Más que recochineo, la palabreja sonó a jabón sucio. Una paradoja de líneas paralelas.

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