La asociación cultural delebraba sus orgías… (En la corte del rey de Castilla). 153

La Asociación Cultural celebraba sus orgías místicas

en el altillo del Bar-tugurio del Centro Cívico Chamartín. Este distrito no albergaba tantos secretos como el de Fuencarral –no era tan grande- pero sí lo suficiente para alertar a una cuadrilla de hiperestéticos. La antigua sociedad española de parapsicología se había hundido con los jesuitas que la preconizaban y al naufragio asistieron como víctimas o como público los vecinos de Santa Marca, que no era el Viso pero también tenía sus chalets. Algo normal en el anciano Madrid del siglo XX, como sucedía en Carabanchel, con la Colonia de la Prensa, en Pío XII, en el Pilar, o mejor en sus aledaños, en Hortaleza –aquí eran más bien chabolas- y en el corazón del olivar que encerraba la frasca de Murano, perfume de diosas.

 

La madrugada en que Anselmo vio a Marco Ferretti, llovía. Calados hasta los huesos se metieron en el mismo taxi somnoliento del alba madrileña, cuando aún cantaban los ruiseñores en los aledaños del Monte del Pilar, en Majadahonda. Regresaba de depositar en su morada a un asiduo de las Disco residuales de la Cuesta de las perdices.

 

Al unísono, ordenaron:

 

-Al zoo, por favor.

 

El chófer reviró hacia el duetto y por un instante sostuvo la cuádruple mirada. Un monstruo.

 

-Está cerrado.

 

Suspiró. Llevaba sólo unos meses transitando por una ciudad tan peculiar. Desde su tranquila Rosario, huyendo de las bandas, recaló en el bar de Ruiz Giménez, antes San Bernardo, y alli le contrataron. No mucho para quien hizo un par de veces el trayecto San Diego-Miami en camión de siete toneladas.

 

Aparte del gesto de alucinados, común en los viajeros noctámbulos, parecían inofensivos, hasta un poco blanditos, nada macarras, de esos que ceden el paso a las señoras. Pero las apariencias engañan, claro, y eso de ir al zoológico a esa hora, no dejaba de preocuparle.

 

-Ustedes dirán.

 

-Vaya allí, por la puerta del sur, y no se preocupe.

 

Es que iban al Club, la nueva sede de la Asociación. Citados por Miguelito, a la sazón novio de una exalumna de Ferretti y por Guardi, a quien Anselmo llevaba el divorcio de no común acuerdo. El tercero.

 

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