La reunión había terminado. (En la corte del rey Felipe). 135

La reunión había terminado, pero como siempre quedaban las despedidas, interminables. Más aún si, como era el caso, la tertulia había cerrado en falso. “No estoy de acuerdo”. El anfitrión se defendía, acosado por la tintura en declive de dos damas provectas. “Es como la muerte: no hace falta probarla, todos saben que existe”. Las últimas cabezas residentes se volvieron hacia él, y sonrieron, pero eso no lo reflejaron los espejos del ancho vestíbulo.

“Verá, me ha costado tanto…tanto me ha costado, sí, superar…superarme, quizás, olvidar tal vez las experiencias personales y dejar que fluyese el karma…¿O no es eso?” –Buscó por el recinto el asentimiento de un viajero, preferiblemente oriental, pero estaba solo. Como siempre.

“Entiendo que usted quiera otra cosa…Sobre todo –dirigió la mirada, tras el cuello y el brazo, a la biblioteca- después de conocer, digamos, secretos de la vida…Pero es lo que hay”. La joven, bella como el crepúsculo de Benarés, tomó la sombra, escondida en el centro de la botella tintada, y salio discretamente.

Cuando me di cuenta, ya había amanecido. Dirigí el coche hacia un bosquecillo, confuso en la niebla. Fue entonces cuando me percaté de que lo único rítmico en mi vida, hasta ese momento, era el sonido del motor. En su compañía, asido al volante, pensé muchas veces, como en una frase recurrente, cuál de entre los innumerables motivos que hacen estúpida la vida me había acogido en exclusiva. Se me ocurrían un par de docenas, pero ninguno tan evidente como el sexo. Una palabra que comenzaba a asustarme, como el coco de los niños.

Como en aquella novela –de la que únicamente recuerdo el título- todo había comenzado un verano, el verano del 22. Aquel estío me rebeló que yo era un hombre, y esa evidencia quedó prendida en los ojos y en la piel de mi primer amor, si es que eso existe. Los anteriores, que yo había reputado auténticos, se convirtieron en sombras y alguna que otra eyaculación refleja, las poluciones nocturnas… y diurnas de un adolescente puro. Y los posteriores, claro.

 

 

 

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