El interrogatorio. (En la Corte de Felipe) 133.

 

 

Se resistió. Si abría los ojos iba a descubrirlo todo. Aguantaba oprimiendo con fuerza los párpados, apretando las mandíbulas, en tensión los músculos. Luego se relajó. La realidad se filtraba por las ranuras del tiempo destruyendo los seres del aire. Sentía su cuerpo y los sentidos que lo habían definido hundirse profundamente en el colchón, que era su refugio. Las voces del alba resonaban cada vez más nítidas, anunciándose. La angustia le daba náuseas,  y el intolerable dolor en la nuca. Los motores cercaban ya el edificio, ascendían como olas negras hasta las ventanas rompiendo el aislamiento de los gruesos cristales. Había desaparecido el sueño y no había lugar ya para imaginar ni admirar ni sorprender. El sentido de toda ilusión era un concepto vacío.

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