Ángel. (Micro-relato). (Cuento).

 

ÁNGEL

 

Cuando llegó a la Tierra, el ángel miró en torno suyo, como un pájaro la primera vez que se asoma al borde del nido. Todo estaba vacío: el aire, las cosas que flotaban en el aire –que parecían perseguirle y abandonarle, en un baile similar al de los átomos de la luz en las inmensas colas de los cometas- e incluso las criaturas sólidas, árboles, rocas, agua, ideas y personas que le circundaban. “Pues vaya. A ver cómo cumplo yo ahora”. Porque el ángel había sido enviado –desterrado decía Lucientes, su gemelo- a ese planeta azul perdido como una canica en el espacio, para hacer su ‘master’ en ‘Bondades sin Necedades’, en su tercer y último intento. “Si no lo consigues esta vez te tocará repetir todo el ciclo; un desastre”. Entonces vio al niño. Estaba quieto en una sillita que conducía un señor de cierta edad, con el gesto serio pero no triste. El niño miraba al frente, muy lejos, y sus brazos pendían a los lados, moviéndose al ritmo de las ruedas sobre el asfalto. El ángel vio en el corazón del niño una espiga de oro que crecía hasta llegar al cielo y allí hablaba con el Padre, tranquilamente. Entonces lo decidió: se hizo un ovillo, enroscando la estela invisible de su figura, para entrar en el corazón del niño. Cuando éste pudo sentirlo, sonrió. Esa risa llegó a su padre, extasiado, tan feliz como nadie puede imaginarse, porque supo que su hijo era un ángel para siempre.

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