VELÁZQUEZ. (Micro-relato).

La niña abrió bruscamente la puerta. En aquella sala una luz densa mezclaba los hilos de colores que armaban madejas de seda. Velázquez entrevió el fugaz desnudo. La joven se admiraba en el espejo alongado que devolvía su figura de oro a las hilanderas. En aquellas risas vio el pintor los tonos azules del alma.

“Pura materia, maestro, pura materia” –Revolvió los lienzos, que de vez en cuando alzaba, como una hostia o un niño-. “Materia y orden, sí señor. Y nada más”. Sonrió atusándose el mostacho –“Y tiempo, claro”. Salieron al corredor del Alcázar. Los cortesanos del alba desperezaban ya las telarañas del nuevo día. “Pero hay algo más” .

Velázquez  no miraba al Duque, y sólo él mismo escuchaba sus silencios- “Hay algo más”, repitió en voz alta. “¿Decías?”. El valido inclinó apenas su testa tocada de papagayos. “Pensaba, señor, pensaba…”.

 

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