PUTA. (Micro-relato).

 

 

 

Ella  guardaba su dinero en una cajita de metal, en cuanto él cerraba la puerta. La despedía con un esbozo de sonrisa y una fugaz mirada que aún conservaba el brillo del deseo. Un día dejó de verle. Semanas más tarde le encontró, casualmente, junto a un escaparate de la calle Mayor. ‘Te echo de menos’, dijo él, pero su mirada estaba más triste y ausente. Había perdido el aire despreocupado de quien soporta el bienestar como un bien inevitable. ‘Estoy…sin blanca’, se encogió de hombros, y aún mantenía un gesto noble, como si la pobreza le hubiera visitado sólo para aumentar sus experiencias. Cuando ella regresó a la casa le ardían las mejillas. Sacó deprisa la cajita y puso los billetes en un gran sobre rosado. Temblaba su mano cuando se lo tendió. Él la miraba con una arruga de preguntas en la frente. Ella alzó los hombros, leve y ligera, excusándose. ‘Yo lo hacía contigo por amor, dijo, mientras acudían a sus pupilas bandadas enteras de  quisquillosas gaviotas.

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