ELSA. (Micro-relato).

Odia a los gitanos –les llama ‘Heredia vagos’- y se pone las medias de su madre. Se come los bombones que le regala y duerme con ella. A Fermín le volvió loco no haber respondido a esta pregunta: “¿Por qué  se paga tanto –y quién lo hace- por vivir en  uno u otro sitio? Casas espléndidas en zonas que no se valoran y cuchitriles donde  los sobrevaloran. … ‘Huyamos también de esta moda’, decía, cambiando los pantis a Elsa. No le había preocupado tanto, aunque sí un poco –de hecho compró un hamster, pero le daba asco y lo liberó al monte, donde se acurrucó en un chamizo esperando la comida- dilucidar si una cuestión ética es o no una cuestión jurídica, o nada tienen que ver, como la política y la transparencia, por ejemplo. “Tenemos que darle otra vuelta al mundo”, pensaba cada noche mientras apagaba la luz del globo terráqueo, que le miraba con sus ojos azules llenos de letras y de rayitas de colorines.

 

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