El poeta vacilón. (Micro-relato).

 

Acababa de romper todas las palabras de su vida que pudieran rimar, o tuviesen algún brillo, o hubieran tocado alguna vez el color de las luces. Entonces sonrió espontáneamente a la mulata, que caminaba bajo un paraguas transparente. Acostumbrado a la agria obscenidad del falso pudor fue como quitarse de encima el peso de la edad. A la vuelta de la esquina ella dejó de mirarle con la chispa de marfil encendido que le abría una ventana. Por eso entró de nuevo, qué segundo prodigioso, en la rutina. “Llegaré tarde”, dijo apresurándose, a la sombra fugaz de su aventura.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: