Cuando le ofrecieron una nueva terapia para el insomnio… (El rey de Castilla). 126

Cuando le ofrecieron una nueva terapia para el insomnio pensó que sería otro fracaso más. El doctor le recordaba, con su laboratorio cibernético, al gabinete del doctor Caligari. Se le antojó un mixto de Mr. Hide,  Frankenstein y Orwell.  El primer día despertó aterido, después de un sueño inquieto de seis horas.

-¿Viaje astral? Habladurías.

Eso pensaba, pero los sueños recurrentes comenzaron a inquietarle.

-Cuénteme –el doctor disimulaba un interés excesivo.

Lo hizo. Una cárcel –así lo sintió entonces- que era un falansterio. Pero también un hotel enorme, una especie de reducto urbanizado tipo multipropiedad, en el que eran perfectos desconocidos. Tenía una misión pero sólo huyendo –era la palabra- podía cumplirla. Indagaba formas de hacerlo. Casi tenía la clave.

Eran seres polimorfos. Él uno de ellos, con un tentáculo reconocedor de especimenes. Lo usaba como un periscopio explorador. ‘No sé. Algo natural’.

Luego estaba la playa oscura. Y el desierto. Y los pájaros sin sombra. Y las lunas rojas. Pero sobre todo la galaxia y las constelaciones de mil soles.

 

 

 

 

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