Pedantes.

Es imposible saber latín y griego y no ser pedante. Pero con una nueva acepción. ‘Dícese de quien hace alarde  de sus conocimientos y eso le parece inoportuno a su interlocutor’. O sea, que el engreído es quien recibe la información que no comprende y entonces dice: ‘Este tío -o tía- es un pedante’.

A la vista de la preconización de la miseria, la ignorancia, la mediocridad y la falta de mérito, estamos condenados a la pedantería. Es decir, a que nos fastidie que esa minoría desterrada sepa mucho más que nosotros.

En lo clásicos -incluídos los clásicos de hoy- está todo. Por ejemplo, en el Libro IV de la Ilíada, verso 197 y luego en el doscientos y pico, se cita lo que sucedió el lunes 29 de noviembre de 2010 en el Camp Nou o Nou camp: Ellos se quedan con la alegría y nosotros con la pena. (O al revés).

Pedantería. Pues eso.

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