Lo que más equivoca es la seguridad. (El rey de Castilla). 115

Lo que más equivoca es la seguridad. Dudaba tanto que la hacía inflexible, olvidando que no existe el destino ni las metas ni un fin; ni siquiera el camino, la excusa que nos dan para pasarnos la factura. “¿Qué factura?”. Le miré, con la colilla seca entre los ojos, y supe que no iba a escuchar ninguna respuesta. Pero no pude evitar decirle: “Para ti sólo preguntarlo siempre, hombre de Dios”. Me devolvió un entrecejo en el que la ceniza gris cruzaba de lado a lado su frontera. “¿De veras la vida es una tontería?”. Supe también que ya no era un niño. No me preguntaba con ese interés que afea la retórica de los sabios. “Pues claro”, asentí, y en el sumidero iban cayendo las sevicias del diálogo, un jodido comboluto lleno de lacios pelos sucios; el agua coloreaba su espiral maquillándose de luz y sombra, un fundido bastardo.

 

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