Y es que lo políticamente correcto… (El rey de Castilla). 104

Y es que lo políticamente correcto ya estaba pasándose de castaño oscuro.

Cuando las leyes te tocan las pelotas, mal asunto. Pero hasta que eso llega pasan otras cosas, y es que la vida es un río, sí señor, o un riachuelo, o una torrentera, o… Bueno, que tiene un curso, por el que se recorre cada gotita de nuestra lluvia, la que nos sigue como la lengua babosa de un perro fiel, como son todos, incluso las de los cachorros que te preparan fritos y troceaditos en los mercados de Kuala Lumpur, un sitio para no perderse.

-Lo han hecho.

Amadeo era melodramático, como Rigoletto. La frase estaba sacada de un guión del ciudadano Kane, tirando la ceniza del veguero en la alfombra porque ya ha caído la Bomba.

-Han cerrado el Parlamento.

-Para lo que servía.

-Hombre… Es como cuando nos fuimos de Kosovo, así por las buenas, como un tahúr que conoce las cartas del vecino.

-Ni flores.

-Pensaban que se iban a apuntar un tanto. Son incorregibles, vanidosos como moscardones azules, que no se los quita nadie de encima.

-Pegajosos, no vanidosos.

-Es lo mismo.

El Parlamento estaba vacío, y los bares de la zona Cortes cerraban un día tras otro. Las decisiones las tomaban los líderes de los Partidos y luego cursaban instrucciones a sus Cuadras.

-Escuderías.

-¿Sabes que una escudería es un establo? ¡Bendito toscano!

Cuando faltan votos se compran, dádivas del presupuesto, según práctica puesta en uso por los reyezuelos tarquinos mejorada por los mandamases del XXI en la antigua Hispania fecunda. Si quieres un socio, págatelo.

-Mientras se mantenga la crítica, o sea la libertad de expresión, o sea la prensa libre, los intelectuales…

-¡Para el carro, Miguelito! Esto es un master reality show, no Barbie en Hollywood. El pensamiento es un monopensamiento.

La broma, o sea la dilogía, me recordó a Maqui. La había visto ajada, como si le tirase la sisa del corsé. Es que yo la veía vestida, y con cara de china, un poco oscura, sombreada. Era una chimpancé que tenía un aire al mandril de Bacon, depilado y con un poco menos de rímel. Guardiola, el cuidador filósofo, la llevaba de paseo mano con mano, leyéndole  libretos de las óperas de Verdi.

-Puccini la pone triste, y Mozart tiene demasiada música en el silencio. Es que no quiere plagiar, pero a ver quién se pone a hacer algo sin copiar un poquito.

-Es que la corriente no se interrrumpe, fluye y fluye, cambia de tono, y se bifurca, pero es un todo que a veces no se conoce a sí mismo.

Suspiré. Lo digo porque me sonó el tórax como si se hubiera caído el torito de la tele, y el suelo fuera de terrazo. Un dislate. Empieza uno matando y acaba escupiendo en el plato. No me asusta la muerte, pero sí y mucho la mala educación. No me pareció mal por eso mismo que se empezara a comprar el voto, pero me irritaba que con eso se comprara el pensamiento. Lo introducían en un cauce, y echaban dentro a la peña, gritones o aquiescientes individuos que no lo son sin su masa. Para que crezcan sin levadura les insuflan el equívoco y la maledicencia. Puro psicoanálisis, puro arte moderno. Novela moderna, que a cada uno le huele bien su necedad.

-El pedo de su culo.

-Habíamos quedado en guardar las formas.

-Te las pago. ¿Has visto algún borracho que se mantenga lúcido?

-Todos, idiota. No te enteras. ¿De dónde sales tú? Si no te paseas por el lúmpen serás un filete congelado.

El mercado era el nuevo pensamiento. Y el nomenklator, ese invento de Stalin. No valemos nada si no estamos en la rueda. Lo de siempre, más antiguo que la tos, pero cuando te das cuenta se te caen los palos del sombrajo.

Silva me tocó en el hombro. Yo tenía la bursitis crónica, de jugar mal al tenis, como todo el mundo. El PoetaCarmesí para los amigos- y Guardiola ya habian convencido al Automático.

Auto -dijo –Silva– díselo tú.

Me tenté los cuartos traseros, como una res elegida para el sacrificio.

-Que sí.

Lo habían decidido. El Club de las Decisiones Fundamentales –C.D.F.- era un hecho. Miré a los cofundadores emocionado como el oso Yogi delante del bocata de un scout.

Las palabras no sirven para mucho. O para nada, quizás, pero eso ya es demasiado. Como la vida de cada instante, qué más quieres. Los miré de nuevo, pensando que las cosas cambian según las miras, será por la luz, o será porque Silva me había dicho algo de Las Meninas. O de su cuadro. No fijaba mis ojos en nadie en concreto, ni siquiera en ella, quería que las figuras se apoderaran del espacio y me dieran la mano, pero yo no tenía manos para todos, al menos para pintar o para destruir o para acariciar esa paloma, que encima está sucia, y es que en este país -se dice así- todo es muy raro, bajo esa capa hortera de la vulgaridad y del grito colectivo. El individuo no vale nada, ya lo sabéis, ni siquiera tú. Todos callan. Quieren poder o dinero. Y una u otra cosa nace de forma extraña o no nace, porque de la mugre sale la violeta.

-Un reducto de la sociedad civil. -El poeta era un clásico. Guardiola le cortó.

-No hay sociedad civil. No hay nada independiente, y lo que depende de otro no sirve.

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