Una cosa, sobre todas, nos entusiasmaba de España… (En la Corte del rey de Castilla). 109

Una cosa, sobre todas, nos entusiasmaba de España y de ser españoles. Decíamos: “vamos a Cataluña, o al País Vasco, o a Andalucía…”. Con sólo esos nombres, ya comenzábamos a degustar la vida. Sólo diciendo ‘Valle del Jerte, Santiago, Navacerrada…’, cada nombre nos mostraba su interior, el significado que le enriquece y nos enriquece. No es lo mismo esquiar en Baqueira que en Sierra Nevada, ni los langostinos de Castellón son los de Huelva, ni las cigalas de La Coruña… Bueno, eso no hay ya en ninguna parte del mundo… Como en el río de Heráclito, viajar por España, sentirla, era la mejor experiencia para recordar, porque nunca te bañabas dos veces en las mismas aguas, los mismos paisajes y labores…¿Y ahora? Ahora nuestra familia está algo triste. Procuramos disimularlo, por los más pequeños, que no entienden nada. No entienden por qué no vamos a San Sebastián como hicieron los mayores, y por qué ya no toman los calçots en Walls… No entienden que mucha gente no nos quiere, sin conocernos, que nos odian sólo por haber nacido fuera de sus bellas tierras. No podemos explicarles que han establecido una ley, su forma de pensar –o de no pensar- y que fuera de ella somos proscritos… Hemos decidido conocer mejor Cáceres, y Salamanca, y León, y viajar más por Granada y por Sevilla y por Cádiz, y comer más paella y más atún y más hortalizas y frutas de Murcia y a ir menos a los vascos, por si acaso, o a los catalanes, por si las moscas, no vean en ello una provocación, cualquiera sabe con estas mentes privilegiadas… Tomamos ahora más sidra y hemos descubierto los excelentes vinos manchegos. Hemos dejado el patxarán (excepto el navarro) y el txacolí, y compramos un excelente lenguado pero ya no tomamos angulas de Aguinaga ni merluza de la ría, no vaya a ser que lo tomen a mal. Hemos cancelado las compras a los anticuarios bilbaínos y ya no vamos al Gughenheim, y añoramos, claro es, todo eso, pero tenemos un poquito de miedo, porque no somos tan valientes como sus líderes, que matan y hacen matar no se sabe por qué, y luego celebran las muertes como psicópatas y reciben sueldos de un Estado muy raro que les comprende y negocia con ellos si está dirigido por gobiernos débiles. En fin, han conseguido hacer esta vieja nación más vieja y más apagada, y ahora admiran a los miserables fanáticos de las falsas guerras santas, con lo que se muestran aún más ignorantes y necios que antes.

 

 

 

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