Tomábamos un vino… (En la corte del rey de Castilla). 106

Tomábamos un vino que decían amparado en cierta ‘denominación de origen’. ¡Virgen santa! Recordé la patrona de Valencia y me encomendé a ella en el segundo trago. Desamparado por tal denominación ni el manto de la señora fue suficiente para combatir el reflujo…Penosamente dispuse el tinglado de mi unidad psicosomáticoespiritual para un nuevo insomnio. Nuevo en el tiempo, pero amargado y firme y extraño, si cabe llamar así a ese despertar alterado como de campanada en el rincón del púgil grogui, que despierta sin ganas pero inevitableinexorablemente para seguir…seguir…seguir despierto y así poder ser bien noqueado, y ese gong que sonaba silencioso en las entrañas venía acompañado de su absoluta incoherencia porque la vigilia no era necesaria y de su absoluta contingencia por consiguiente, y de su absoluta necedad porque algo decía, me decía, que era yo quien tocaba el timbre y quien tañía la campana y quien gritaba a mi silencio para que éste  me despertase y así seguir vivo porque no era aún, no era aún para mí el tiempo del sueño.

 

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