Lo encontró alicaído, silente. (En la Corte del rey Felipe). 110

 

Lo encontró alicaído, silente. Como esos vecinos para quienes uno resulta invisible. Un ángel, un ser puro. No te saludan porque no te ven. Pero tienen a su alrededor espejos donde se aderezan las magnolias. Le pregunto. “Creí que carecía de pasado, pero ahora me doy cuenta: lo que no tengo es futuro”. “No es grave”, repuse. “Lo que importa es el presente”. “Menos guasa. Entre uno y otro estoy yo. Pensando”. Me contó sus sueños, que carecían de estructura, y por ello me interesaron: piezas sueltas en el vacío. Arte puro, libre, un espacio repleto de insidias. “Soy normal, o sea anómalo, empezando por ahí. Verás, mi padre era de derechas, iba a misa, besaba la mano a los curas, le tocó la guerra con Franco, y creo que le gustó. No sé si fue porque a su hermano le dieron el paseo a los pocos días, por el crimen de ser maestro o médico, no me acuerdo. Luego fui niño de la victoria, aunque nunca nos dimos cuenta de lo que significaba ese privilegio. Estábamos ocupados en ayudar en casa, poner telas con fotos de ciclistas a las chapas, jugar a las canicas, reparar la cruceta de un espadín de madera… No soy gay, que yo sepa, me gustan las mujeres y creo que los negros, los gitanos y los judíos son más racistas que aquellos a quienes censuran y que siguen reuniéndose para conspirar. No entiendo que haya asociaciones de víctimas del terror cuyos líderes las mutilan también haciéndolas de derechas, o de izquierdas… Ni que se violen los principios de la razón con la razón de los principios, a saber, que depende de qué pie cojees así te haré la prótesis. No entiendo cómo si eres de izquierdas puedes cargarte todo, hacer de la policía una Stassi, una poli política estalinista, contra los de derechas. Y si es a la inversa eres un fascistón. Pero si no entiendo nada de nada, por ejemplo, que se paguen sueldos españoles a quienes escupen a España y se ciscan en los españoles que les pagan, como hacen en Vasconia, mientras sonríe el presi payasete y se frotan las manos los casi extintos etarras, revitalizados por la debilidad del Estado. Así que…¡ya me dirás qué porvenir me espera!

 

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