Era tan previsible… (En la corte de Felipe…). 107

 

Era tan previsible….A media tarde llegaba su ofertorio. También la promesa, condicionada, voluntarista, una sintaxis soñolienta. “A ver si procuramos no cenar esta noche”. Sabía que lo haría, es decir, no lo sabía, lo sentía profundamente, mucho más que sus versos de otoño:

 

Ya apenas río,

no quiero reír porque sé ahora                                              que las lágrimas están cerca,

junto a la risa, y la fecundan                                    en su ritual del tiempo,

se funden en la línea oculta                                      de ese horizonte nublado,

en el borde del agua

cuando llega la espuma, y se va                                           con su ola, que la arrastra

como a una novia.

 

“Todo es una campana de Gaüss  con estrellitas, más o menos estrellitas en el lomo, un lomo como de delfín que salta, asalta, salta, ¿ves?”.  Se ponía estupendo con sus teorías, la evolución es real, no la de Darwin, la del universo, y cuando llega la decadencia es imparable. No hay esperanza, carpe diem o recuerda o sueña… ¿Ves? El número, por ejemplo. Somos demasiados, demasiados depredadores, demasiados homínidos, lupus homini, lupi hominibus. No te preocupes, D’nt worry; nada tiene ya remedio, ha empezado la cascada”. Le brillaron los ojillos. “¿La cascada?”. Tal vez una rubia meando, sí. Pronto una arruga más en la frente, muestrario de torturas, pobre educación expiatoria. “La catarata hacia el mar de arena, el agujero negro, el gas”.

 

 

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