¡Diego, Diego! (En la corte de Felipe). 100

 

-¡Diego, Diego! La sombra le perseguía. Unos brazos sin carne ni huesos querían abrazarle, y se transformaban en ojos, pero estaban en las alas de una mariposa gigante que le invocaba.

 

-¡No, no, así no! ¿Por qué tanta obligación, que me hace miserable? ¡Libre, quiero ser libre!… Incluso para morir, o perderme, o cambiar… Pero libre.

 

La sombra se alargaba, retrocedía para tomar impulso, como una caprichosa nube dibujada al agua fuerte.

 

-¿Quieres saberlo todo? ¿Quieres conocer el secreto de los secretos? ¿Quieres hablar con el silencio?

 

Asentía, asentía – “Sí quiero”, pactaba las bodas con la verdad. Porque ¿Acaso era otra la figura grotescamente amada? ¿Otra mentira menos cierta que su propio miedo, y el pesar por haberlo derrotado? “¡Quiero ser hombre, un mortal vencido por su desdicha”!

 

 

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