Micro-relatos. (Satis).

SATIS

Se detuvo el pájaro; no su canto. Y M. conoció la voz. “Horatio”. “¿Te vas?” “Tengo que encontrarme”. La colina recogía los aleteos del sol, crepúsculo frío. M. castañeteó, como un profesional.  “Aguanta, hombre”. Le miró, risa en los pliegues del sueño, risa labial y yogui, de plano vientre agitado, recuerdo del ser. “Y tú lo dices”. “Soy un poeta. Aliquando me visita la palabra, y yo la habito como un parásito”. “Quandocumque” –movió la cabeza, pequeña en el vaho del sur, casi cerrados los ojos, artrosis desnuda- vigía, estilista, códice, ladrón. “Yo también te amo. Hartazgo del no ser”. M. creció al irse, como la sombra adventicia, un niño siempre.

 

 

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