Dolor, amor, tan cercanos…(El rey de Castilla). 97

Dolor, amor, tan cercanos, tan hermanos, tan lejanos… Silva jugueteaba con palabras, inventando ripios que la distrajeran. De su brazo surgía una barra de hielo cuyo espanto soportaba jadeante. Nunca pensó que se pudiera sufrir y resistir al tiempo hasta ese punto. El dolor la debilitaba y confundía. Su pensamiento iba en busca de un sosiego que identificaba con la ausencia del mal, y apenas podía hilvanar dos palabras con sentido. Amargamente recorrió su soledad, como si caminara por las dunas estragadas de un desierto sin belleza. Pero lo que más sentía, la herida más profunda y lacerante, era por su hijo. “Ni siquiera han dedicado  a amarle más que restos de la vida, un fuego de rescoldos”. Esa imagen la turbó. Siempre había considerado que, en momentos de crisis, su familia iba a salvarla. “Cada cual se agarra como puede a los restos del naufragio. Un pecio redentor”. Silva aprendió que el egoísmo puede ser una virtud, lo único que preserva del miedo. Un valor, el valor. Pero en la lucha inerte del sentimiento y la razón había una única victoria, y ella la derrotada, ajena a la lucha, que observaba como un espectador lejano. Contemplaba la especie con una desolada vaguedad , sin fascinación alguna, un desaliento, algo que la desvanecía y con ello derribaba hasta la última esperanza de adquirir o absorber o dar sentido a la vida.

 

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