Diego se detuvo en el umbral.(En la corte del rey de Castilla). 90

Diego se detuvo en el umbral. La ancha estancia, tan conocida, parecía transmitir un calor de establo bienoliente, y ese pensamiento absurdo le hizo mover la cabeza. “Siempre las paradojas, como imágenes de los visitantes en los espejos”. Pensaba en el último lienzo de Mazo, tan obsequioso. El no se esforzaba demasiado para ocultar las sevicias de los personajes reales, de entre los cuales sólo amaba al rey, su valedor y amigo, y a los pequeños. Si no hubiera resultado insolente le habría complacido ser pintor de niños. Suspiró. Al fin y al cabo, la vida está repleta de dictados ajenos y propias frustraciones. Alzó la mano para golpear el dintel. Un sollozo contenido pero nítido paró su mano. El rey lloraba como tantas otras veces, en su íntima soledad.

 

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