Como si alguien… (El rey de Castilla). 94

-Como si alguien- o muchos tal vez, un sinnúmero que se reduce a uno solo, casi a uno mismo, como si el ser propio se trasladara o quizás se transmutara, guiado por una música dulce y sentimental, se mudara, en fin, en los otros… y esos esperaran de ti algo que nunca les darás, que nunca podrás darles… pero lo que te apena tan profundamente como si la herida fuese renovada y joven siempre, es que no podrás satisfacerte a ti mismo, porque tú eres todos y los otros son tú, y en el fondo, cuando la nebulosa de esas lágrimas que beben tu tiempo y se estremecen como los juncos dorados de un sueño ventoso, en el que los aduladores y los ignorantes apenas existen, un mundo, un universo, un cielo extraño casi vacío de inquietudes y desengaños y envidias y recelos, una utopía que es la esencia de los lugares inexistentes, como la abstracción discursiva de un filósofo, las ficciones de juristas y magos, los verbos alados de profetas y dioses, en ese humilde reflejo de los seres felices, sabes que no podrás hacerlo. Nunca has sido capaz de cumplir ese destino que artificialmente pudiste creer real, o necesario, sólo porque te era exigido, en la postura ociosa de los lienzos, en el devenir de las mitologías que te hacían parte de un Olimpo lejano, en el que los dioses se aburren como estatuas sin Pigmalión , y eso no era suficiente, no tenían esos universos la fuerza suficiente para mover siquiera el índice de tu mano diestra, ésa que señala el lugar de donde tal vez proceden las nieblas del alma, o simplemente el exilio.

 

-Pero mi rey, tienes todo el tiempo del mundo.

 

Ahora que me lo han arrebatado, me lo dan, me regalan el tiempo cuando ya no existe. Ni siguiera existe el mundo. He recorrido la vida sin comenzarla, y mis palabras se anudan con el silencio para asustar a los niños que gritan mi nombre. ¿Por qué algunos tenemos nombre de ángel caído, o de derrota, un polisilábico escupitajo que no oculta el oropel y el protocolo? Me miras. Tengo los ojos amarillos, por la bilis que retienen mis frustrados deseos. Tráeme una carne fresca, devuélveme el tiempo. Te lo pido porque sé que es lo único que no puedes darme… ¿Lo ves? Ahora también tú pareces asustado, porque aún represento esta vida con la máscara veneciana del poder. Y ejecuto una pavana, con mi soso meneo, mientras otros retozan ya con mis amantes.

 

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