No quise leer más. (En la corte del rey de Castilla o el jardín de las delicias. (56).

No quise leer más. Pero fue inevitable, como la gripe de años alternos.

La gallina acaba poniendo el huevo, y nuestra familia escribe. Un desastre. Cuadernos manuscritos en los cajones, como fósiles. Sirven para la investigación y para clonar las ideas, que sobrevuelan ese espacio remoto que anida en el corazón.

Los apuntes deslavazados me sonaban. Años atrás, era yo mismo, antes de nacer, éramos nosotros. La vida se repite, sin duda, o es siempre la misma. ¿Quién dijo lo de ‘dulce pájaro de juventud’? Las hemerotecas son un espejo, y los gritos de un niño.

Pero no me atreví a romperlos. Podría aprovecharlos para leer en el Club. Una sesión de terapia monstruosa, tipo psicoanálisis de los demás, mientras uno ejerce de gran sacerdote y oficia un ritual poderoso, el de los ancestros. Cuando lo propuse me miraron con los ojos de las grandes ocasiones, en silencio. Dejé la moción y guardé los apuntes en mi mochila de Spiderman. Me venía talludita, algo extemporánea, pero era la única que conservaba la cremallera intacta. Y además es impermeable. Cuestión de detalle. La gente te mira y no sabe por qué estás así, o te has puesto esos calcetines o la camisa de cuadros. Les da igual, y a ti te pasa lo mismo.

Entonces se me cayeron los papeles. De verdad, no en sentido figurado, no los perdí, simplemente volaron fuera, a cámara lenta, y se fueron colocando como si la magia del aire los acunase. Y es que hay historias silenciosas, que se cuentan a sí mismas y no necesitan tanto argumento ni protagonista, ni copiar la vida, sólo para venderse en las distribuidoras, y es que todo son tiendas y tenderos, desde que los anglosajones inventaron las Colonias y definieron el libre comercio como colocar sus productos en todo el mundo, una vez acallado a cañonazos.

El primer papel era el del juez Saturio, a quien en los pasillos llaman Saurio, con una mayúscula ofídica, tipo espárrago podrido. Nadie con más ganas de salir corriendo de la mesa, un pupitre adolescente para dibujar la vida con las uñas en la madera. Era un espectáculo ver cómo los chorizos se cachondeaban en las barbas de los perjudicados, porque nunca había pruebas bastantes. Ni con una Polaroid in fraganti.

-Cuando le pase a él se acordará de Bertoldo, el Brech, y es que las cosas siempre les suceden a los demás…hasta que te toca.

El judío Retruejo, un personaje de Chespir, mirando su interés como la cocinera los garbanzos en ebullición, un amor a la lumbre y a la cocienda. El bancario Serafín, cuyo nombre era otra gran paradoja, aunque no se lo merecía, por jesuita. Los mercenarios de las artes y las letras y las plegarias, que eran muchos pero se los quedó casi todos el Siglo de oro, que a saber por qué se llamaba así, salvo por la plata americana, la que se quedaron en Génova y Amsterdam y Londres.

El Poeta se echó a reír.

-¡Anda!  Si es La Dolors!

El presidente de una gran institución financiera, con cara de penita porque no le había dado tiempo de llevárselo todo, y porque iba a morir tan rico que le daba grima.

-En los Bancos y las Cajas hay novela. Más funcionarios que en un ministerio, obispos, como en la Curia. En fin. ¡Una mina!

El poeta hacía argumentos. Nunca los desarrollaba, porque le entraba la neuralgia, se enredaba y se quedaba frito en el sillón. Pero algunos de sus argumentos, como los del narrador, eran buenos.

ARGUMENTOS DE EL POETA, QUE DEJÓ COMO HERENCIA A SUS IGNORADOS Y POSIBLES HIJOS, FECUNDADOS COMO LOS HUEVOS DE GALLINA POR CONTACTO RÁPIDO Y UN TANTO PROMISCUO.

 

El Poeta carraspeó, como buscando el gallo que le cantara quiquiriqui quiquirique quiquiriquod. Luego me miró, y le vi algo neblinosa la pupila, un pelín dormida.

-A Julio César no le querían por Julio, sino por César.

No supe qué quería decir. Mi hermano sí lo sabría, porque le gustan las adivinanzas y siempre está a cuestas con ellas. Las adivinanzas y esos parientes ricos, figuras de la retórica que utilizan como el incienso, es decir, en el recuerdo de alguna solemnidad pasada de moda, por desgracia. Ya os he dicho que está un poco depre. A nosotros nos darían plaza en cualquier frenopático, porque somos pacíficos, no discutimos nuestra salud mental -una tautología más- y miramos las cosas como si fueran transparentes. Pues aquella tarde me había dicho:

-Mira, M., Alex, mi hijo, e incluso Anita, son pequeños para recordar estos momentos. Pero yo,no…

Y se iba dando tumbos, aunque no se iba, lo que daba tumbos era el tiempo y la luz del tiempo entre nosotros, o me iba yo, porque comenzaba a sentir disgusto, como si esperase que bajara mi novia por las escaleras, radiante y sonriente, que es lo mismo, pero llega tarde, y cuando llega ya se me ha ajado la espera, un tallo sin agua, y ella sonríe al vecino y luego dice ‘vamos’, y pasa delante porque las mujeres siempre hacen como quien llega tarde eres tú y tienen que recuperar el tiempo perdido.

-¿Les pones título?

-Mejor.

XXII

En el siglo XXII las bandas terroristas dominan ya Europa y América. Asia está asolada y sólo China permanece como Estado. Se descubre en Nigeria un yacimiento de oro y su líder compra el antiguo arsenal ruso y USA. Convoca a los gobiernos en el exilio y proclama el imperio dando a los terroristas un mes para entregarse. Justifica su decisión en la debilidad de las democracias, que han causado su extinción. Al mes comienza la guerra total, con mil millones de muertos y dos mil millones de afectados.

 

HISTORIA DE LOS INCAS, AL REVÉS

Llegan los españoles inocentes y los incas quieren exterminarlos.

 

El Púas rasgueaba su guitarra, que parecía lamentarse. Separó un momento los dedos, acariciando el aire que separaba las cuerdas del mundo. Ese trocito donde está la música.

-¿Y no fue así?

LA VENGANZA

X y parte de su familia mueren por un ataque terrorista. Su hijo mayor crece y le venga. Pero se enamora de la hija del terrorista y ella le mata.

 

NÉMESIS

Le dejan abandonado. Crece huérfano. Se convierte en un plutócrata. Conoce a su familia sin saberlo -ni unos ni otros- y se casa con su hermana. El día de la boda, su padre le descubre.

Guadiola le interrumpió.

-Sólo soy medio catalán, pero creo que te entiendo. A Natalia le habría gustado cuidar del niño.

El Poeta le miró como si llegara de un viaje a Eleusis. O estuviera a punto de regresar.

-¿Te has chutado, Guardi?

Echó un vistazo alrededor, girando como en un traveling de carne y hueso.

-En el campo. La naturaleza. Es muy griego, representar sin decorados. Por cierto, la taquilla baja, y eso es bueno. Tenemos que abrir las puertas de una puñetera vez. Pero las de verdad, y no andar exhibiendo seres cautivos.

Guardiola era otra paradoja. Había que serlo para fundar el Club. Maqui y él se miraban como si fueran pareja de hecho.

-Un gen recesivo o algo así, y ¡plaf! ¡La identidad!

El Poeta resopló. Movía la cabeza mirándome. Pero yo pensaba que aquello era parte de su argumento.

ADÁN EL SOLITARIO

Adán pierde a su Dios, le arrebatan su esposa, le alejan del Paraíso… Esta es la historia del solitario.

PLANNING

Si Dios junta a los buenos -quienes cuidan o buscan su fe y su gracia- Luzbel hace lo propio para separarlos, y para unir a los malos.

 

VIRUS

‘Al saco. Al saco! El burócrata echaba al saco los recursos. ‘¿No los miras?’ El becario escandalizado miraba. ‘¿Para qué?’, farfulló. Son morralla’. ‘¡Ah!’, asintió el aprendiz.

 

Guardi, que estaba inspirado porque la noche anterior cenó fabada, resopló.

-¿Y eso, Poeta, de qué va? ¿Una dramatis persona, o como se diga?

Pero no le hicimos caso. Daba un poco de corte oírle latinajos, aunque siempre había sido monaguillo, hasta que llegó la revolución y empezó a estar mal visto eso de la misa y los curas… otra vez. Como lo de Asturias farra querida y quémate allá un convento…

ITER

El mundo era distinto. ‘Abuelita, abuelita’, dijo alguien desde mi estómago con cafeína al salir del garaje. El dueño, a quien pagaba cada mes porque me hiciera el favor de guardar el coche, lo saludaba. Era su costumbre, y eso hacia el mundo de nuevo igual. Paré ante el semáforo. Pasó un macarra con unos vaqueros decorados. En la pernera derecha unos huevos fritos, estilo nouvelle cuisine. A la izquierda un matojo arcoiris recién bordado. Me miró desafiante, o lo hizo a mi corbata a rayas. Dejé a la niña de nuevo en el cole -mentis power- y recordé al padre de M., que tampoco saludaba. Cosas de la edad.  ‘El mundo es diferente, abuelita’, saludé yo a mi amado ancestro, y el dragón alzó su pupila nictitante para devolver al gallo su corona.

 

-Ya sé qué es. Ya sé que te pasa -susurró El Auto, que hablaba como en adivinanzas. El Poeta puso la jeta de Carmesí.

-¿Qué es qué?

-Pues lo que quieres decir, lo que te pasa para hablar en egipcio.

-Por el jeroglífico -apuntó El Sudaca, que es muy agudo.

-Pues que echas de menos a tu padre. Es un poco lo de Edipo.

-¡Vaya empanada! Lo de Edipo es al revés.

Hice un gesto, porque acababan de llegar Lonsi y El Cátedro. Si hubieran ido de la mano tampoco habrían llamado la atención, pendientes como estábamos de la dialéctica mansa y extravagante de nuestros compinches.

-Yo sigo.

Y siguió.

CONTRICTIO

Había decidido pedir perdón. Rehizo la lista: nombre y agravios. Agravios y nombres. Demasiados. No le daría tiempo. Rompió los papeles. ¿Era la primera vez? La cafeína floja le hizo respirar mejor. ‘Ansiedad, tienes nombre de mujer’, rezó a secas.

 

HUMO

Por el camino, una senda oscura, la nube transportaba un césped mortecino. “Se está cayendo el cielo”, dijo M. “No”, respondió una joven de negro, que había salido del retrato colectivo que exponían los fantasmas. “Es el mundo, que transpira”. “¡Ah!”, exclamó M., satisfecho.

 

-¿Pero qué es eso de ‘Eme’? -Pili había llevado dos pollos de pavo real y a su madre putativa -la de los pavitos- a la Junta del Club. Lonsi se sonrió.

-M es un ente, un hijo de El Poeta, que como no lo saca por ningún lado, nos lo trae de la mano.

-Pues a buen sitio lo ha traído -dijo El Cátedro, que estaba escéptico.

Yo le había conocido antes, como si Carmesí me lo hubiera presentado en una farra. Pero es que M. hacía letras de tango y bailaba solo, por tímido.

-Tú tranqui, tronco. Y a soñar, que queda noche. Escucha.

 

POLIS

Castelao terminó el dibujo. “Que San Roquiño nos libre d’os abogados, d’os médicos e d’os boticarios”. Cerró el volumen. En su interior el rapaciño aprieta la mano de la labriega. “ E d’os políticos, mama”, dijo mirando la hornacina.

 

REINVENTANDO

En vez de ‘Lo que el viento se llevó’…’¡Manda cojones!’…

En vez de ‘La cartuja de Parma’…’Dos lesbianas y una fisgona’…

En vez de ‘la penicilina’…’infusiones de césped artificial’…

 

El Auto se despertó.

-¡Reinventando los puntos suspensivos!

-¡Automático! -dijo Lonsi, que tenía la noche libre.

-Puedes poner: ‘Cómo sobrevivir a base de infusiones’ -dijo El Sudaca, un experto-. Por ejemplo, infusiones de siempreviva.

-¡Claro! Con esa, cualquiera…

Me animé.

-Infusiones de melatonina, DHA, cosas prohibidas. Y no estudiar, que oxida.

Pili soltó la gallina, clo clo clo, y los pavitos detrás.

-¿Hay alguna infusión contra el aburrimiento?

-Cualquiera que tomes cada media hora.

-Eso te pone nervioso. Lo de prepararlo.

-Para el nerviosismo, infusiones de saliva, directamente.

Se le notaba inquieto, al Poeta. Rebulló entre sus papeles, carraspeando.

 

CÓMO SOBREVIVIR SIN EL MÓVIL

Diez minutos sin móvil. El nuevo galimatías.

Excluido de Pinkerton, junto con el guardián en el centeno, y un poco de Óscar y su tambor, por no usar el móvil.

Fundan el Club de la risa.

 

-Pues eso me gusta. Lo de la risa.

-¿Hay un manual para sobrevivir a la vida moderna? El pobre Chaplin no lo consiguió, y se confesó en ‘Tiempos modernos’.

-Lo tengo, lo tengo. Bueno, lo he empezado, porque me estorbaba mucho la maquinaria que agujerea calles, en Madrid. La música de las esferas, el taladro cósmico.

¿Alguien ha dicho ya que esto de la vida es tan poca cosa que no vale la pena perderla? Hay variaciones, claro, como en las sinfonías y los menús. Me daba la impresión, cuando no estaba con Silva -o cuando era consciente de que me habían abandonado, como a un cachorro en la gasolinera, incapaz de husmear un rastro amigo- de que eso es lo que yo hacía: perderme entre la hojarasca, perder la vida. ¿Sería el único hombre sobre la tierra? Perderla en lo que no te gusta, eso no es poca cosa, digo yo, es tan importante que divide el mundo, las personas del mundo. Hay que emplearla en lo que gusta, pero encontrar lo que gusta te lleva toda la vida. ¿Qué hacíamos allí, filosofando como pobres mientras la carne y el sol se buscaban fuera? El cínico Voltaire lo escribió en una esquina del Procope, su café de las letras: ‘Hago lo que me apetece porque es bueno para la salud’. Me enervaba mi propia debilidad, y así no había forma, un enredo con el que iba a tropezar siempre, la ansiedad de no tenerlo todo, o al menos la porción que me hiciera olvidar que no lo tenía. Miré a Lonsi, que me miraba, pero enseguida dejó de hacerlo, como todas. Tenía que pasear, buscar en el camino, como me dijo Isa la pitonisa, labrar mi tao con bueyes dormidos, caminar. Fue entonces cuando le encontré. Era el mismísimo Woody Allen, expulsado de Manhatan.

-¿Qué haces, Woody?

Me miró…

-Aquí, con la cultura.

Señaló… Era una rubia.

Claro que más vale caer en gracia que ser gracioso. Y de poco sirve esforzarse frente al destino.

CONVERSACIONES AL BIÉS

-No sé tía, sabes, es sí, pero ya te digo, bueno, y así, claro, me explico, el pedo…

Lo mejor, los puntos suspensivos, te suspenden en el flato el argumento, y da pie para que XX, experto en ‘lógica humana’…

-La lógica es humana. Siempre. Tautología.

-Que te lo has creído.

Bueno, XX, experto en lógica humana -lo pone en su tarjeta, que está diseñada por un comité- dio una conferencia magistral en el Aula Magna -jaula grande a tope- de la Universidad estatal de Viscosa (undefined land). Y dijo:

Sobre los negocios, que de haberlos serían buenos o malo, según.

Sobre la imprecisión del pensamiento no dijo nada. Bueno, eso creo.

Verbo preferido: asumir. Asume el universo. Lo demás está en la Biblia.

Sobre todo eso de que el trabajo es un castigo del cielo.

 

-Querrás decir que en la Biblia, sobre todo, está eso de que el trabajo es un castigo del cielo.

-Lo diría bien si tuviera tiempo. Además la sala estaba vacía pero los asistentes aplaudían a rabiar, excepto uno que dormía.

Qué raro. El Poeta no se había puesto histérico…aún. Estaba ocupado, como un conferenciante, ahora además tertuliano. En Madrid a las siete o das una conferencia o te la dan, dijo alguien y plagiamos. Edgar Neville cabeceaba en sus propias conferencias, como el tío Amador, que se dormía de pie. Vaya nombrecitos. El Poeta es hiperestésico, o sea que le molesta el ruido, los papeles, el sol, el humo… Y se desconcierta con cierto orden, previsible. No tiene un solo verso terminado. Es un genio.

-Moriremos como Asterix, porque el cielo se desplomará sobre nuestras cabezas en forma de ácido sulfúrico.

Tuvimos una etapa verde, en el Club. Luego nos pidieron dinero, y esa etapa aún no ha llegado. A Odiseo sólo le pedían vencer a los dioses. Otros tiempos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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