Bueno, la cosa de Eva, pitonisa… (En la Corte del rey de Castilla. 50).

Bueno, la cosa de Eva, pitonisa,

El Guardia o Inspector y el pequeñín mejor ‘El Usuras’, no salió bien, así que mi hermano recibió la citación.

Como estaba ya escaldado por lo de mi ex-cuñada, en los pasillos saltó:

-Oye, hijo Puta -se dirigió al ‘Usuras’, aunque la mitad de los abogados se dieron la vuelta como si les hubiera llamado por su nombre- ¿qué tengo yo que ver en tus putos negocios?

Y es que la vida se enreda por menos de nada. Estás atendiendo a un cliente en El Corte inglés y de pronto aparece un loco que te clava un cuchillo y dice que es San Judas Tadeo  o El Anticristo.

Pues eso había pasado con ‘El Usuras’. Una tarde apareció en el despacho del tío Amadeo, contando no sé qué de un negocio de petróleo.

-Mire, el petroleo y la Banca, es para unos pocos. Sólo ellos, así que no perdamos el tiempo.

Pero el otro había agenciado ya mucha tela de sus clientes y quería colocarlo. Mi hermano pasó por allí, a recoger unos papeles.

-Mi sobrino. Un talento. Funcionario. De Industria.

El tío Amadeo hablaba como Azorín, o menos. Como Gracián. O menos.

Al salir, El Usuras le aguardaba, fumando en el banco de la plaza. Chupaba tan rápido que daba grima, como si ensayase una maniobra de primeros auxilios y estuviese hecho un lío.

-¿Puedo hablar contigo?

Fue lo último coherente que hizo. Mi hermano le ayudó, o sea metió la pata con El Mecenas. Un potentado estafador que parecía Tony Leblanc con la estampita, pero a lo bestia. Cuando perdió el dinero, le echó la culpa.

Así que ya sabían de qué iba los dos, pero casi nadie más. De todas formas, Cime ya estaba hecho polvo con sus cosas de familia.

En el Club decidimos lo de Eva y la sesión de espiritismo. Fue Silva, que estaba a tope aquella tarde. El jefe de Cime en el Ministerio era vecino.

La imprecación de mi hermano en los pasillos de la Ciudad de la justicia -un engendro de arquitectos importados y corrupciones endógenas- siguió un rato.

-¿Acaso me das los beneficios? Entonces ¿por qué me reclamas las pérdidas? ¿Te fui yo a buscar o fue al revés? Mira, no sé qué saldrá de aquí -señaló el Antro o sala de Audiencias- pero o en cinco días retiras ese panfleto o  eres -hizo con la mano en el gaznate el gesto del degüello- hombre muerto.

Mi hermano estaba pálido, las ojeras le llegaban al mentón.

-Y -apuntó al grupo, el leguleyo perdulario, el cortejo de chupones, la carroña que espera roer el cadáver- esos calumniadores igual. Bueno, lo de los políticos y banqueros en España es la… leche.

Son o se creen omnipotentes. Dirigen y manipulan, así que las normas suelen beneficiar a las minorías, y fomentan el mercado negro que combaten. Un fiasco, como decía el tío Diego al pagar las tasas abusivas por la importación legal. Y además se creen por encima del bien y del mal, si es que esas cosas, así tan definidas existen. Un día de febrero, por el cumple de ‘El Púas’, tomamos una decisión en el Club.

-Pues aunque hay empate -dijo ‘El Poeta’- esta vez habría que hacer caso a la gata.

Pusimos en la picota al sistema. Tanto hablar de la conciencia social, de ser buenos, y los predicadores son un hatajo de hipócritas. La gata hizo pipí en un papel couché del Vanity, sobre una foto de Alberico de Monacor, vestido de gitana. Una fiesta de marca, en la que la sonrisa más barata valía una fortuna.

-¿Y cómo se hace eso? No vamos a colarnos en el búnker de Rodríguez y mear en un sillón Luis XVI.

-Hombre, eso es un símbolo. Hay que estar dentro.

El Auto preparó oposiciones y se metió en La Generalitat, porque hablaba un catalán de Reus tan bueno como el de Pedrol. De vez en cuando denunciaba discriminaciones y cosas así, pero enseguida renunció. O sea, baja por enfermedad y a cobrar la pensión.

De eso hacía ya tiempo. Cada primero de mes nos invitaba a churros en La Milagros de Benigno Soto, cerca del Auditorio. Por allí veíamos mucho a P.Jota y a Miravalles, de la Prensa fuerte. También al juez Macarrón. Los jueces se creen todopoderosos. Lo de periodistas, tertulianos y medios -vaya nombrecito- va aparte, porque ellos sí son de verdad omnipotentes, omnipresentes, omnívoros y plenipotenciarios de fajín y almorrana.

Iba el ángel despistado,

no sabía

que era el día

el día de los enamorados.

Así que se puso el lazo, lacito, al cuello, como en el far West, la moda retro del XIX, y pidió un nombre.

¿A qué viene esto?

Es el circo. Llegó el Circo Universal a La Vaguada. ¡Qué espectáculo! Ruido, polvo, pisotones, escoria, mierda, famélicos y derrotados tigres, castrados leones, payasos sin gracia, de nariz obscena, música ‘a la page’, pasen y vean, señoras, señores, niños, etcétera y soldados ya inexistentes, macarras o beneficiados, presbíteros, amantes, vegetarianos, guardias de la porra, -qué tiempos- especialistas de la guardia civil en informática y electrónica,salteadores de caminos,hoy recaudadores de impuestos, pero que bien impuestos, pasen y vean la farsa del mundo.

Y allí, en  la cabina de las entradas -las pocas que dejaba El Corte inglés vía 902 o cosa así- estaba él. El marido de ella. O sea, quien movía el tinglado, el alma mater, el jefe. Ella era la vecina de mi hermana, un alma (holandesa) de Dios.

 

Aquella tarde, en la siesta, soñé que lo usaba como blanqueador de dinero  la mafia que secuestró a Floi? M.,  sea yo, pero en el sueño parecía otro, para joder, pues era amante de la mujer del jefe, que lo descubre y se meten en él disfrazados de Spider, Batmán y Walt Disney vestido de ratón Mickey y arman la gorda en una función. Hasta los cocodrilos drogados se espabilaron y casi muerden al pianista.

 

Y es que la fabada clásica da para mucho soñar.

 

El caso es que nunca supimos cómo con tan poco público y las entradas a mitad de precio por ‘Píllalo’ en Internet, podría alimentarse tal impedimenta. Parecía la Grande Armée, antes de lo de Moscú. Hasta el día que pillaron al correo de Don Vito, o era de Doña Tetas, el caso es que parecíamos extras de esas pelis de Santi Segurata, no digamos del genio Burlanga, que no son Blade Runner precisamente, pero molan.

 

-¿Entonces a Floi quién lo secuestró?

-Da igual.

 

Yo iba entre bastidores, a magrearme con la rubia, y lo vi todo desde encima de su hombro o por un hueco del muslamen, no preciso, o sea atino poco, y eso me dio la idea.

 

-Vendremos a la próxima función. Tú, Spider; tú, Batman… Y así.

-¿Y yo?

-Cocodrilo. Tú cocodrilo drogado.

 

 

 

 

 

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