Quedé con el inspector y El Usuras. (En la corte del rey de Castilla. 42.

Quedé con el inspector y ‘El Usuras’

en casa de Abel. Caín dijo que harían el papel de Banderas en To (o two) much, y además en el día ocho y venía de perlas para castrar cerdos.

Pero todo se lió.

-¿Pero esta no es la casa del muerto?

-¡Qué va! -Me precipité.

El Usuras y El Inspe se miraron.

-¿Y qué sabe éste?

Yo disimulé, como un colegial sorprendido masticando chicle mientras copiaba el examen desde un programa iluminado.

-Digo que es la casa de Isa, la del Tarot. ¡Y está de buena!

El Inspe se relamió. El Usuras no dijo nada, sólo el gesto ese con la cabeza, como si tirara de la correa: ‘Andiamo’.

Al subir, ya en el rellano, salió Abel, o Caín, que no nos había oído.

-¡Pero si es el estudiante! ¡Ven acá, mariconazo!

Abel -o Caín- cerró la puerta. Yo improvisé. Aquella tarde era lo mío.

-¿Le conoce, inspe? ¡Qué casualidad!

-¿Casualidad? ¡Pero si lo conoce toda la Jefatura! ¡Menudo curriculum vitae tiene el mastuerzo! ¿Y qué hace aquí?

-Pues es el novio de Isa.

-¡Releche!

Se oyó un frenazo. El 16 -o el 61- bajaban por Fernández de los Ríos a toda pastilla. Sería el 61, porque el 16 tardaba más. Nos asomamos al hueco de la escalera.

-¿Qué pasa? -dijo el usuras, que a lo mejor esperaba un cliente.

-Nada, que el frutero ha tirado un carrito.

-¿Y se ha resbalado el autobús, hombre?

-Mujer, si no te importa -dijo la travesti del bajo.

Bueno Como Caín -o Abel– o sea, el otro- no se había enterado, el efecto sorpresa en ‘two much two’ fue mayor. Veréis, nada más entrar -después de golpear la puerta con la  pistola, porque el timbre no funcionaba- salió Isa vestida como Falete, y un tocado de bruja.

“Te has pasado” -pensé. Pero no lo dije.

-Mes charmants amis -dijo ella. Los otros se miraron.

-Es que es francesa… Bueno, como si lo fuera -aclaré.

-Hace el francés -dijo el inspe, que era un pelín sardónico, en este caso guarrete.

-Por la pinta debe hacer el griego, pero a los clientes -añadió El Usuras, que de vez en cuando era aún más esaborío que de costumbre.

Bueno, dicen -¿y quién lo dice cuando se dice esto? No sé- que el dolor aclara el agua y el arroz la enturbia. Será. El caso es que yo, en algunos trances de éstos, pues me espabilo. Y fue lo que pasó. Como los cubanos con el boicot de piezas y elementos mecánicos, que hasta para fugarse como Odiseo por el mar tenebroso tiene que construirse una patera sobre el chasis del Ford.

-Será mejor que paséis juntos.

-¡Ni hablar! -Recularon como la mangosta y la cobra.

-Pero así la pitonisa, digo la adivina puede acertar de pleno, y no hay truco.

-¡Tú primero! -Dijo el usuras.

Es lo que yo buscaba. Así el inspe pagaría antes, con un poco de suerte se marcharía y el usuras, en su turno diría a Isa:

-Pues yo pensé que te iba a pagar lo de los dos… Como veníamos juntos…¡Y no he traído más que…!

Y querría darle cinco o diez eurillos, por el café.

No conocía bien a Isa. Era capaz de convocar a los ancestros, congregar las nubes, soltar los rayos. Todo menos trabajar gratis. Lo había aprendido de El Irlandés.

-Yo, entre trabajar gratis y jugar al golf, juego golf.

Pero ya los teníamos. Juntos y en casa. Éramos como el Madrid de antes en el Bernabéu, jugando la final de la Champions con el Alcorcón, C.F.

O sea, mejor imposible.

¡Pero los designios de la Providencia, o del azar, el destino, los hados, qué sé yo, son inexcrutables, imprevisibles, etcétera!

Al usuras le dio un apretón.

-¿El baño?

Yo lo señalé. Sin pensar. Me pasa mucho, La falta de costumbre. Y eso que el tío Amadeo, desde jovencito me lo venía diciendo:

-El paso corto y la mirada larga, Miguelito… Como el Marqués.

El Marqués de Santillana. Yo creía que era por el pantano, pero no; ya venía de antes.

-Al final del pasillo, mano izquierda, última puerta.

Y es que lo de la precisión en las direcciones se me da bien. Yo no digo eso de ‘todo seguido y luego pregunte’. Es una falta de educación. Enseñar al que no sabe.

El Usuras me miró de lado, con las manos en la barriga y una mueca tipo hurón.

-Como siempre.

Con las prisas, El Usu se equivocó, y fue a la derecha como en las elecciones, y abrió la puerta del cuarto de Caín.

Y lo vió.

Allí estaba, sobre el lecho, despatarrado, sin funda, iluminado por el chorro de luz que se filtraba por el ventanuco.

El cuadro de Silva.A veces se ven las cosas pero no se identifican. El Usuras buscaba una taza de váter, urgentemente.

Caín -o Abel- le palmeó el hombro y le dio la vuelta.

-Es ahí -Dijo, indicando el santo lugar.

El Usuras se metió. Abel -o Caín- y yo nos miramos. Caín -o Abel, el otro- entreabrió el armario.

-Quieto ahí -susurré- Aún no.

Isa lanzaba unas cuantas amenazas al inspe. Cosas duras, entrenamiento para el ataque final.

Sonó la cadena. El Usuras regresó a la salita, mirando de reojo la puerta de la alcoba.

Y aquí se vio una vez más cómo el que trama mal para otro trama el suyo propio. Su propio mal, y es el más perjudicado por su maldad.

El Usuras había acordado con El Inspe llevarse el tesoro de la pitonisa. Y lo que se llevaron fue un susto de muerte.

Cuando estaba a punto de llegar a la salita se paró.

-Eso del dormitorio… ¿No es el Velázquez?

No. No dijo eso. Era lo que yo me temía. Pero fue otra cosa.

-¿No tendréis manzanilla, por un casual?

Así que le metimos en la infusión un puñadito del derivado opiáceo que Eva utilizaba para amansar el gato, y un diarreico supercólico, del que sin conocerlo iba a acordarse las setenta y dos horas siguientes.

Pero vamos por tiempos.

Cuando Lisa le dijo al inspector que su mujer le ponía los cuernos y detalló más o menos la figurita de ‘el usuras’, empezaron a rechinarle los dientes.

-¡Este cabron! Bueno, el cabrón soy yo, me cago en todo.

Y se le olvidó la faena.

Eva (¿ISA?) le recomendó calma porque -dijo- su ofensor estaba cerca. “Y tanto” -calló El Inspe.

Eva pulsó la luz roja.

-Pasa por la cocina.

Le dijeron a ‘El Usuras’. Para evitar el encuentro y que se percatara del careto que llevaba El Inspe.

-Es que…

El Usuras quería noticias.

-Luego -le dijo Caín (o Abel). Yo estaba con el rollo de los planos, para localizar en el sótano de El Prado la galería de obras sin catalogar, donde se escondían posibles obras maestras, auténticas como una melodía de Elvis. Ahora vuelve el rock, como en los setenta, y es que el futuro, ciertamente, ya no es lo que era. Y la vida va por su lado mientras nosotros hacemos planes. ¿Te suena? Eva (Isa) le hizo lo mismo.

Experto en cuernos, y la descripción del satélite de Venus. El Inspe, claro. Al Usuras le dio una taquicardia y llamaron a urgencias.

-Dele Aerored, que son gases.

Dijo el de turno, un licenciado en psiquiatría por Montevideo, en paro hasta esa misma mañana, y ahora jefe de equipo de la Asociación de Rescate médico. Llevaba una camiseta con el lema: Libertad y justicia para Gración.

Gración era mi juez. Un tío. Había excavado con sus manos la tumba de Lorca. Lástima que el poeta no estuviera allí. Cosas de los genios. La justicia está en el escudo de Hércules, claro, este juez hace pesas. Pero bueno, Madrid es una ciudad pacífica, excepto en el tráfico. Y tener paz es ser feliz, sobre todo si los niños están en el cole -eso dice mi cuñado.

Llegó el 112, el Samur. Y entonces fue lo del muerto.

¡Qué coincidencia! Llamas para El Inspe, se pone malo El Usuras y se muere el otro en la puerta de Caja Madrid.

Así que, de repente, yo me sentía con gripe.

 

 

 

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