Tienes que encargarte de Caín. (En la Corte de Felipe. 26).

-Tienes que encargarte de Caín.

Me lo dijo mirándome con sus ojos negros, como de heroína griega, esas de Esquilo y Sófocles, que salen en los festivales de verano por Mérida o el Conde Duque. Siempre me he preguntado cómo expoliadores a tope, como Olivares, perennizan su nombre en calles y monumentos, como héroes de la estúpida nación que los ensalza. En la primera etapa de Patacero hubo algo así como una reivindicación de la mugre y se legisló mucho sobre la memoria de la historia, o sea una falsificación sobre otra. Todo el mundo sabe -todo el mundo son los de siempre- que lo único revelador de la conducta son sus resultados, y las ruinas o la miseria no hablan muy bien de quienes las preconizan, con tal de cargarse a los otros, a los demonios que les torturan. Eso pasa mucho con los sindicalistas radicales y los inquierdistas que se atribuyen la posesión de la verdad. A mí me caen de todas formas mejor que los ricachos o los derechones, que suelen llevar anillo en el meñique como este y el otro monarca, una cosa fachona y ridícula, como si se les hubiera quedado pequeño el adminículo. Todo eso crea modas, como portar el reloj en la diestra, a modo de contradicción, que viste mucho. Son las pequeñas venganzas de los privilegiados. El César Carlos, harto de carne se hizo vegetariano en Yuste.

Todo eso pensaba yo, para despistar, porque Eva leía el pensamiento. Lo hizo en su día, con lo de la manzana, y es que a una mujer no le pasa nada por casualidad.

También me recordaba a las italianas de rompe y rasga, como Ana Magnani, y luego la de Fellini. Pero en clásico. Así que yo me acordé de la Ilíada y supuse que estaría protegida por alguna diosa. ¿Y yo? ¿Quién me protege a mí?  ¿La tropa no tiene diosecillo tutelar?

-Hazlo bien. Y pronto. Toma.

Tres cuchillos. No, no me dio tres cuchillos. Las frases. Me cortaban. Me dio un sobre. Lo abrí, y ni siquiera era pasta. El dinero es esencial en estas cosas

Era un plano -anotado, eso sí- del Metro.

A Tom Cruisse le dan un CD que se autodestruye… y al 007 un porrón de chorradas electrónicas.

A mí, un plano del Metro de Madrid, que después de las obras del faraón y la reinona es una gozada. Aunque menos por los túneles. Claro, con tanto cambio ya no vale la Moleskine.

En el plano había flechas y cruces. ¿Pero se había creído que yo era Paloma Asensi para andar descifrando galimatías? ¡Yo soy de Chamberí! O como si lo fuera. Y a nosotros no nos van las gilipolleces. Bueno, lo del Atleti. Pero eso es que… es tradición. Madrid tiene un alma,que vigila desde el Retiro el Ángel Caído. En realidad se burla de ese nombre, porque no puede estar más entero y derecho, con tanto súbdito de su trapacería y tanto vendedor de almas, el alma de la ciudad entera.

Bueno. De casi toda.

Por muchas vueltas que doy en la vida, siempre regreso al mismo sitio.

Y allí, me cuelgan.

 

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