Por muchas vueltas que demos, acaban atrapándonos. (En la Corte del rey de Castilla. 27).

Por muchas vueltas que demos, acaban atrapándonos.

Porque siempre alguien nos persigue.

Y a alguien perseguimos (tal vez en nombre de otro).

Me acordé de Calvino: ¡El mundo se lee al revés! ¡Claro! Italo y Borges tienen lugares muy comunes. Por eso algunos sonríen siempre.

Se lo dije a Silva: “Mira, tenemos que buscar, en tu cuadro, o sea, en tu vida, o sea… Bueno, tenemos que buscar la quijada de Caín, sólo que es de Abel, o sea el arma, o la causa del odio, que me suena como un grito cada tarde, cuando los coches vuelven a sus madrigueras, porque hay veda.

-¡Qué dices! ¿Has perdido el juicio?

Sonreí. Lo había comprendido.

-Yo solo no. Pero no es el mío el que hay que buscar.

¡Estás para encerrarte!

Volví a sonreír.

-Yo solo no. Pero no es a mí a quien hay que… etcétera. No vamos a seguir haciendo frasecitas. ¡Acción!

Silva hizo girar su índice varias veces en las dos sienes y me recordó a uno de esos muñecos que quieren volar.

En fin. Entramos al Prado por la puerta de Velázquez. La gente se agolpaba en la entrada de Moneo, y la tradicional era un remanso. Las obras se habían cargado la imagen antigua, ideada por humanistas, pero la actual era más divertida: un retorno eterno, como en los tiovivos. Alrededor de la caseta-mostrador atendido por azafatas diligentes -como las de Telefonica cuando pierdes el ADSL –¿o es el LSD?-; no tienen mucha idea pero no es su culpa si las contratan para despistar a los clientes, y lo hacen con educación y soltura, así que yo marco siempre el 1 de satisfacción en la atención recibida, aunque jamás me han resuelto un problema- se dispersan las entradas hacia el universo del arte. Enseguida llegamos a la Sala de Velázquez, y allí, frente a las Meninas y en el espejo, estaban ellos. Doña Mariana y Don Felipe, sus católicas Majestades, que el cuadro de Silva reflejaba exactamente al revés, como las veía el pintor, que hacía un cuadro de otro cuadro, metido en otro cuadro, así que lo convirtió en un espejo.

Me pareció que Silva tenía ciertos rasgos en común con su antepasado. Por un momento eso me molestó, como si fuera a besar los bigotes del genio, o temiendo que le saliera una cruz de Santiago por el escote, que estaba atrayendo a esas alturas la atención de un grupo de cosmopolitas aturdidos por tanta belleza. Digo la  que les rodeaba, aunque como decía el tío Amadeo, una buena chavala es un elemento cultural de primer orden. No le encontraba sin embargo, tanto parecido con la reina abuela, aunque de eso ya hablaremos, porque os tengo una sorpresa reservada. Bueno, la adelanto ahora, por si se me olvida. Mejor no, vamos a esperar su momento. Es lo justo. ¿Os dais cuenta de que cuando uno hace lo que le viene en gana siempre apela a la justicia? O sea, que lo justo es hacer lo que justamente uno quiere. Justo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: