Mi cuñada estaba tensa. (El rey de Castilla. 36).

Mi cuñada estaba tensa.

-Voy a dejarte, Miguelito.

-¿Y eso?

Es que no me salia la trece.

-No das ni una.

Busqué alguna señal… Pero es lo de siempre. Una mujer ajada, aburrida, sosa y fracasada. Lo normal.

-He visto un anuncio.

Me lo enseñó: ‘Santón aborigen,experto en vudú, animismo, doy recetas para la suerte, resuelvo infidelidades, garantizo enamoramiento en siete días, comunicación directa con el ser que te interese, vivo o muerto, precio razonable, calle Montera, pasadizo…’.

-¡Vaya timo!

-Pues como todos. ¡Pero necesito un cambio!

Miré la habitación. La luz desmayada que se iba flotando perezosamente hasta llegar al suelo, como un fantasma distónico. Busqué.

-Mira: la trece.

-Y qué.

Todo era átono y monocorde, una conversación como las preguntas y respuestas de un test de tráfico.

-Pues transformación. Vas a cambiar.

 

 

 

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