Estamos en otoño. (En la corte de Felipe. 39).

Estamos en otoño.

Hoy es domingo, un domingo distónico. Yo tengo la maldición del sopor, que era la putada de la Estigia, y así estoy, cayéndome por las esquinas, a pesar de los chutes, todos de herbolario o de farmacia, más legales que Benedicto XVI. Pero es que cuando el cuerpo cede, cede, y no hay nada que hacer, esperar la primavera o el euromillones. De las dos cosas sólo llega una, y suerte si llegas tú. Hoy día esto es cosa de políticos, fijáos en Chevas o en Patacero,: un solo hombre se carga toda la ciudad, al revés que en Esquilo o uno de esos griegos, y es el héroe. Y un solo hombre trabaja en toda la ciudad, creo que le conozco. Y los demás, como las fichas del dominó, o del parchís, o de la Oca, aunque eso es más complicado, lo del Languedoc y el símbolo, que yo lo estudié con mi maestro de cartas, que era un indigente aguerrido, pupilo de San Rafael, el hotelito de los homeless más chic de Madrid. ¡Menuda ralea pasaba por Concha Espina, huyendo del Bernabéu, porque a los genios perdidos no les gustan las masas. Son levadura, un poco ajada, cutre por desoficio. Si te fijabas incluso reconocías a algún tribuno, algún gerifalte, profesor, millonario, cualquier desaparecido, de todo. Los mejores amigos del mundo. Supongo. Y luego está el resto, los manipulados, los votantes.

El caso es que hoy es domingo. Con la luz del Guadarrama, pero con la astenia neurovegetativa de septiembre, y no me sirve de nada llamar Pluto a mi perro. Aunque me abraza constantemente, me lame y me adora, sigo igual de pobre. ¡Es que éstos de ahora no saben cuál era su destino!Es por la tele. Antes hasta los más torpes sabíamos que el expolio no se reduce a la pasta, y que Orwell no es un profeta sino un reportero. No me importa. Así al menos mis descendientes -más o menos colaterales, porque lo de la filiación a mi no me va, creo- no tendrán problemas con mi herencia. Mi tío Amadeo dice que no hay herencia que a todos satisfaga, y eso va ‘de lui meme’, porque a él, que es liberal y decimonónico, le gusta el francés. En la Casa de Rita es lo que habla, según comenta luego, con el 100 Pipers, que es lo que le gusta de postre.

 

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