Dejé de leer. (El rey de Castilla.24).

Dejé de leer

porque las palabras y  lo que con ellas armaban sus arquitectos, me aturdían. Igual me pasó con los cuadros; los museos me daban tirria, tan fríos y silenciosos -excepto por el murmullo, como de pájaros enfermos, más bien de gallinas en un recinto que las semiinmovilizaba, de los visitantes- y que rehuían la risa de los niños. Lo peor es que tampoco comprendí la escultura de esas vulgares piedras apenas tocadas por el artista, que pretende ser el arquetipo (o su contrario) de la creatividad.

Claro que eso fue antes de conocer a Silva.

Podría haberme pasado lo mismo con las letras. Conocer a Harry Potter habría sido suficiente para leer su Diario. ¿O ese era Kafka? No, el polaco se dedicaba al bricolage de altura, construía cajitas de cartón para guardar mascotas. Un lío.

Pero nunca superé lo de Babel.

Mi abuelo lo decía, mirándome a los ojos con los suyos, azul claro, copiados de un noruego. “Tenemos la cabeza un poco ida, Miguelito. Anda, moja el churro”. Cada domingo nos liquidábamos unos tejeringos tostaditos con el chocolate de los curas, que preferían los mojicones. Todo con una jota de Juan Ramón, a quien mi abuelo llamaba ‘el tísico’, y nos tenía prohibido el Platero. Mi abuela nos lo regalaba cada año, por Pascua, que era la fiesta de estrenar. Esta controversia, esperada cada año, fortalecía los vínculos familiares, que sin ella se hubiera aburrido casi como todas las demás.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: