Retazos del Manual para padres mayores. (En la corte del rey de Castilla. 21).

CÓMO ACTUAR ANTE EL INSOMNIO DE LOS NIÑOS.

La mayoría de los padres se irritan muchísimo cuando los niños no se duermen, o se despiertan por la noche pidiendo agua, o sueñan con algo que les persigue o que les han quitado el osito, que es para lo que sirven las noches. El PM sin embargo lo toma como una oportunidad más de estar con los pequeños, y tiene el sueño ligero, preparado para acoger la petición de ayuda en forma de gemido, ronroneo, grito, súplica, orden o llamada.

LAS SIESTAS DEL BEBÉ Y DE SUS HERMANOS. LAS NO SIESTAS.

El PM organiza mejor que nadie las siestas de los demás. Es casi la única forma de disfrutar la propia. Con los bebés no hay problemas de negociación, y suelen arrastrar a los hermanos pequeños y dividir a los mayores. Un desastre. Por eso el equilibrio que sugieren los PM viene tan al pelo. Quien no duerma la siesta que haga los deberes. Mano de santo. Y sin gritar, claro. Proscrita la tele y los mítines fraternales, la mejor alternativa es una siestita más o menos dormida, con un ojo abierto quizás, pero que permite al PM su relajo hedomadario, que no es poco.

Un corolario o un paréntesis, la reflexión del cansino: si tu mujer no es inteligente -lo que significará ipso facto que tú tampoco lo eres- no se percatará de todo lo que quieres hacer… como si fueses tan joven y te diera tiempo. Tus hijos no te seguirán: vis atractiva feminae…

Lo de la siesta era heredado.

Mi abuelo se las echaba de orinal y pijama y mi padre las disfrutaba incluso de pie. Como aquella tarde en que oímos un ruido en el pasillo, y es que se quedó frito antes de llegar a su habitación. Un patrimonio, sí señor.

Cerré el cuaderno. Ya no tenía más ganas de leer,

y eso que algo me había sonreído pensando en todo lo que encubre el humor. Nunca me han gustado los manuales, pero aquel me sonaba cercano, como si estuvieran contándome la vida de un pariente. Mi padre, por ejemplo, o el tío Amadeo. Yo creo que los padres deben tener valor para parir, o sea, para cuidar y atender a los hijos. Por eso decidí hace mucho tiempo no tenerlos. Y ahora decido no seguir leyendo, ya tengo bastante. No sé si me servirá para algo saber que mi cuñado decía todo eso para convencerse a sí mismo de que el miedo que sentía era por eso de las zonas erróneas, y no porque le acongojaba el futuro, ya ves. Que fluya el presente, decía, mientras le echaba un ojo a mañana. El niño le miraba cada tarde, y preguntaba lo mismo: “¿Mañana hay cole?”. Tenía la esperanza de que algún día cambiase, ya que su padre siempre era el mismo. Un latazo.

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