En la corte del rey de Castilla. (16).

Bueno… Podréis creerlo o no.

 

Me he divertido una barbaridad leyendo, y sobre todo imaginando, las cosas que se le ocurren a mis peques, la niña y su mamá. Me he quedado de canguro, que es una cosa muy divertida si se sabe aprovechar la oportunidad. Pili se aburre porque no le gustan los niños. Ella sirve para cuidar gallinas o gatos. Ha descubierto que las gallinas son cariñosas como perritos, y al contrario que los gatos, nada ariscas, agradecidas, cariñosas. Me quedo mirando a Alex, no sé por qué le llaman así, ni que fuera ruso, y sé que no va a aburrirse nunca. Silva vendrá luego, y me relamo de gusto pensando lo bien que vamos a estar jugando los cuatro al parchís.

 

El tiempo es como esas películas de los viernes, que al final se pasan y no te has enterado, medio frito en el sofá. El tiempo te agota, y lo sabe, te toma el pelo, y al final te deja solo con él, que es como si nada. Por cierto, me han dejado solo en casa con Anita. Le dejo a mi hermana un recuerdo, garabateado minuciosamente, para que lo agregue a sus fantasías, y me ha quedado así:

 

 

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