Lara. (Micro-relato).

LARA

Cuando M. la vio el sol tosía uno de los jirones de la tarde. Entonces le dio el respingo. Estuvo a punto de distraerse con otros ojos, pero recordó su papel en la película, que era simplona y cursi como todas las buenas. “Me tocará ser un snob”, maldijo la sonrisa del dire triunfante, albergado de patrañas bajo el carmín rubio de la seda. “Demasiado jóvenes, como los antibióticos. Matan tanto como curan, pero son la nueva lex artis”. Por algo era médico, y res loquitur ipsa. Se recordó como Zi, trasteando tras el tranvía, o era él, huyendo de Trueba. El ictus le oscureció una pared del alma, y los juegos chinescos aún reventaban la niebla del mundo. “El agua es el corazón de la materia”, decía con la punta de los dedos, tejiendo la esquina de un mantón.

 

 

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