En la corte de Felipe. (7). Lo que es la vida.

La vida son acontecimientos y decisiones.

Mezcladas o separados, separados o mezcladas. El buen humor es bioquímico, pura salud. Con el tiempo, con la edad, se modera hasta el aburrimiento. El otro día, en el local del CDF pasó algo. Pasaron dos cosas: la primera que el jefe de Guardi llegó cabreadísimo, sólo porque le habían hecho lo del ADN y ninguno de sis tres hijos es suyo. (Lo de si en vez de su es cosa de Alex, que hace analogías ortolinguísticas: si tu es tuyo, si es suyo).

 

-El curioso impertinente -dijo Carmesí, que se acordó de Don Quijote, en la caja china que metió Cervantes sobre el macuto de Cide Hamete.

 

-Alex dice ‘si casa’, o ti cuarto’, porque sustituye mi casa o mi cuarto, la i, lo hace lógico.

-Pues en este caso es una errata.

¡Vaya aburrimiento lo del argumento! Seguir y seguir el hilo, devanar la madeja, continuar al lado de personas y cosas que no pueden actuar como si soñasen, negarles la libertad o la capacidad de arrepentirse, da una oportunidad a todo el mundo para mandarnos a la mierda.

 

-Es cuestión de energía. Ni el azar puede con el carácter.

 

Frasecitas. Pues el jefe de Guardi, Nicanor, era un cocinero conquense, que se pasaba mucho tiempo en los fogones, y la mujer con el cura.

 

-De curioso nada. Ha sido un chivatazo. Y así no pago la pensión.

 

Suspiró. No hay mal que por bien no venga. O al revés. Brava dilogía, que parece inventada por un psicólogo argentino. O sea, por un argentino.

 

-Torres más altas han caído.- Le dijo Guardiola, golpeándole amistosamente el hombro. Luego se aclaró.

 

-Por ejemplo, los bastardos del rey, de los reyes. De todos. Los Habsburgo procreaban como liebres. Les gustaba, como al duque de Devonshire, un campeón.

 

El hombre, abatido, no quería estar solo. El genio ama la melancolía porque ama la soledad. O el hálito que surge de la soledad, como los samurais, concentrados en destrozar los miembros de los enemigos, o sea, de todo el mundo. Los guerreros tienen que estar cabreados, así que eso de no pensar y dejar que fluya la espada…

 

El Púas se arrancó con la malagueña, un chasquido de cuerda que nos ponía los pelos de punta. Sólo que cambiaba la letra de la segunda estrofa.

 

-Si el necio es feliz, no será tan necio.

-Y viceversa.

 

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