El rey de Castilla. (8). Leti, El Patas y más.

Somos dos. Por lo menos. Seguro.

Al menos durante un tiempo. Hasta que llega la hora, y entonces sabes que has vivido mucho, o poco, o según. La vida se acorta a sí misma, o se alarga a así misma, según lo veas. Demasiados planes, quizás. Demasiado. El pesimismo se retroalimenta. Y el optimismo. Aquella tarde, antes del tumulto, Lonsi estaba muy guapa, con un delgado arrebol en el pómulo. Por eso nadie notó que se sonrojaba.

 

-Qué fascinante es encontrar seres horrorosos!

 

Nos miramos de refilón, porque a todo el mundo aquello le parecía bien. No supimos de repente si se refería a su primer encuentro o cita con El Patas.

 

-Tan ausentes de belleza e inteligencia que nos producen escalofríos… Quisiera dedicar a eso mi vida. No sé si estaré a la altura del desafío. Porque si profundizamos un poco, casi todo el mundo tienen algo que lo salva. ¡Aunque sea por los pelos!

 

Así que era por eso. ¡Lonsi era una paraca! La paranoia, nuestra común tarea, el falansterio de las ideas inexistentes, lo único vetado por la acción y la belleza. ¡Vaya lío! Todo tiene su karma, su destino, el equilibrio, el fin, el principio. O sea las dos caras, el haz, l envés, el grito, el silencio, Dios, el diablo, vida, muerte. ¿No será todo lo mismo?

Habría seguido…pensando, o lo que fuera eso de manejar palabras y conceptos en silencio, harto de todo o sea de nada, si no hubiera sido por la jaqueca.

 

-Tú no sabes que es eso. La migraña, nada que ver con el dolorcillo de cervicales.

 

Y es que el dolor siempre es de uno, y el de los otros no existe, sólo molesta que te lo cuenten. ¡Que lo aguante ellos!

Pero se le ponía el cuello tieso y no valía de nada un analgésico, era ya tarde como cuando llega la sed es ya tarde para la necesidad de agua. El dolor es un mal compañero de viaje, vaya topicazo, es siempre mal recibido como un aficionado en la sede de la Real Academia de lo que sea, en el Colegio profesional, en las reuniones de expertos, vaya timo. M. lo había percibido en la Asociación de escritores y artistas, donde miraban a todo el que tuviera otra profesión diferente de la de calzapluma o pincelillo como a un advenedizo insustancial y temerario.

-Aunque plagies a Keats, dirán que tu verso es malo. No estás en el elenco.

-Y así.

Cuando salía un fenómeno terminaban acatándolo, pero a regañadientes y con una envidia biliosa, el atrabilis romano, que es el pedo del infierno en el tríptico de ‘El jardín de las delicias‘, cuando un condenado le sale por el culo azul al cagoncete. El cura fustigó al alumno pecador: ¡Vas a ir al infierno! ¿Y qué harás entonces? Y contestó: “Pues confesarme”. ¿”Confesarte en el infierno? ¿Con quién?”. “¡Pues con usted!”.

 

 

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